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miércoles, 9 de agosto de 2006

Altura infrecuente


Tiene una gran fuerza la narración de Plácido Gil titulada Un adolescente en la retaguardia - Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). El autor, actualmente monje benedictino en la abadía de Leyre, Navarra, tenía 15 años el 18 de julio de 1936 y entonces era novicio en el Monasterio de El Pueyo, Barbastro. Tras el asesinato de todos los monjes, él trabajó primero en los comedores de los milicianos en Barbastro; luego se trasladó a Caspe, donde también fue camarero en el casino, centro de operaciones de los anarquistas y republicanos; después vivió en Poal, un pueblo leridano, con una familia que le acogió; finalmente, al terminar la guerra, pudo regresar a su casa de Lumbier, Navarra, donde le creían muerto.

El autor explica en el prólogo que sólo pretende narrar lo que vivió y que no es su intención realizar juicios políticos. Así actúa en su relato, que respira la veracidad de quien cuenta las cosas tal como las siente y las ve, y de quien no esconde la ignorancia que tenía entonces de las realidades del mundo en el que vivía. Además, aunque la historia está bien escrita, su fuerza se deriva de que no hay propósitos de armarla ni de darle color literario; incluso cabría señalar que la bondad y la fe del narrador, así como la distancia de los hechos, le llevan a mirarlo todo con altura infrecuente.

Plácido Gil. Un adolescente en la retaguardia – Memorias de la Guerra Civil (1936-1939) (2006). Madrid: Encuentro, 2006; 213 pp.; col. Memorias; ISBN: 84-7490-778-0.

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