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viernes, 23 de febrero de 2007

«Seco y sin llover»


Al comentario de ayer sobre la serie de Alatriste se puede añadir que un gran libro de historia sobre la época es El Conde Duque de Olivares, de John Elliott, que ya cité a propósito de Dumas.

Además, los interesados disfrutarán el Discurso de mi vida. Aventura corsaria de un honorable capitán, donde un personaje real llamado Alonso de Contreras —que combatió en Flandes, Milán, Nápoles, Sicilia, Puerto Rico, Túnez...— narra treinta años de su asombrosa vida. Como se indica en la introducción de una de las ediciones citadas, Alonso de Contreras fue un hombre de acción, «duro como el pedernal» y más bruto incluso que Alatriste. Su relato está escrito entre 1630 y 1633, y, en sus propias palabras, «ello va seco y sin llover, como Dios lo crió y como a mí se me alcanza, sin retóricas ni discreterías, no más que el hecho de la verdad».

Como se cuenta en El caballero del jubón amarillo, Alonso de Contreras fue amigo de Lope de Vega, que «me tuvo por su camarada más de ocho meses, dándome de comer y cenar, y aun vestido me dio. Dios se lo pague. Y no contento con eso, sino que me dedicó una comedia en la veinte parte de El Rey sin reino, a imitación del testimonio que me levantaron los moriscos».

De sus andanzas por el Mediterráneo se puede traer aquí un suceso que sonará conocido a quien haya leído Corsarios de Levante: después de que su barco capture una presa, el capitán manda que nadie juegue a bordo, ordena echar los dados y naipes al mar y poner graves penas a quien juegue, con lo cual los marineros organizaron el juego así: «hacían un círculo en una mesa, como la palma de una mano, y en el centro de él, otro círculo chiquito como de un real de a ocho, en el cual todos los que jugaban cada uno metía dentro de este círculo chico un piojo, y cada uno tenía cuenta con el suyo y apostaban muy grandes apuestas, y el piojo que primero salía del círculo grande tiraba toda la puesta, que certifico la hubo de ochenta cequíes».

Y su estilo rápido de narración y de acción se puede mostrar con un breve pasaje: «...llegó a mí un gentilhombre sin vara con un criado, y dijo “¿Cómo trae ese coleto?” —que era de ante—. Dije “Puesto”. Dijo “Pues quítesele”. Respondí “No quiero”. El criado dijo “Pues yo se lo quitaré”. Iba a ponerlo por obra, fue fuerza sacar la espada, que ellos no fueron perezosos en hacerlo, pero yo fui más pronto...»

Alonso de Contreras. Discurso de mi vida. Aventura corsaria de un honorable capitán (1633). San Lorenzo de El Escorial: Langre, 2006; 222 pp.; edición crítica de Gonzalo Gil; ISBN: 84-934384-4-8. Otra edición en Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias, 2004; 238 pp.; ISBN: 84-8469-098-9.

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