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Nota: 'Los hijos de Húrin (2)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 2 de junio de 2007

Los hijos de Húrin (2)


Sea cuales sean las intervenciones de Christopher Tolkien en los textos originales, además de algunas conexiones entre sus tramos, lo cierto es que la novela tiene la potencia y la magia narrativa propias de Tolkien pues, en primer lugar, tiene la consistencia que da tener unas fuertes raíces. Luego, Túrin es un protagonista de los que llena todo el escenario, y cuyas acciones valerosas y altaneras a la vez, van configurando su futuro de modo fatal. Le rodean una gran variedad de personajes y seres inolvidables, como el elfo Beleg Arcofirme —«el más fiel de los amigos»—, o el sarcástico Enano Mezquino Mîm —«tú eres uno de esos tontos a los que la primavera no echaría en falta si murieras en invierno», espetará a uno de los hombres de Túrin—, o el dragón hechicero Glaurung —que borrará la memoria de Níniel para que Túrin y ella no se reconozcan como hermanos cuando se encuentren—, entre otros. Son muchos y ricos los matices en las conversaciones y en los comentarios al paso que formula un sabio narrador, que cuenta los hechos con voz solemne y acentos de crónica, que hace descripciones precisas, sobrias y poéticas al mismo tiempo, sin énfasis ni adjetivos superfluos.

En cuanto a los contenidos conviene advertir que se trata de un relato profundamente trágico y violento con resonancias míticas y en el que no hay cabida para el humor. Sin duda, todo se redimensiona para quien conozca la obra de Tolkien, pero Túrin tiene un corazón cegado por el orgullo y por la mentira, no hace caso en ocasiones a los mejores consejos que recibe —«teme a la vez el calor y la frialdad de tu corazón, e intenta ser paciente, si puedes», le advierte al principio la reina Melian—, y las consecuencias y el final de sus acciones se presentan sin anestesia.

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