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sábado, 8 de marzo de 2008

Odio, sospecha, envidia..., y felicidad


Estoy conmocionado por El diario de la felicidad, de Nicolae Steinhardt.

El autor (1912-1989), nacido en una familia judía en Bucarest, fue abogado y escritor. Encarcelado en 1960, se convirtió al cristianismo ortodoxo durante su estancia en la cárcel. Liberado en 1964, desempeñó diversos trabajos durante años. Profesó como monje ortodoxo en 1980. En vida publicó varios libros y, después de su fallecimiento, anterior a la caída del régimen comunista, se publicaron sus libros teológicos.

También póstumamente apareció El diario de la felicidad, que había terminado en 1972, y que es una miscelánea de textos autobiográficos y reflexivos, cada uno encabezado por una fecha y un lugar. En ellos se cuentan momentos de su estancia en la cárcel, así como de su vida posterior y anterior a los años que estuvo allí; y se formulan toda clase de comentarios sociales y literarios, así como de muchos textos bíblicos. En conjunto es un libro de memorias que tiene mucho de testimonio de una época: para Steinhardt está clarísimo que el comunismo es siempre igual: «vengativo. Mezquino. Apestoso. Barriobajero. Rencoroso. Devoto de la trinidad: odio, sospecha, envidia».

Al leerlo pensaba que Rumanía debe ser un país increíble si, como afirma el prólogo, un libro tan poderoso ha vendido doscientos mil ejemplares en los últimos años. Luego caí en la cuenta de que no debería sorprenderme: rumanos son Mircea Eliade, Emil Cioran, Vintila Horia o Eugene Ionescu... —autores que conozco poco y que me he propuesto conocer mejor—, y pensaba también en la importancia de conocer bien la literatura tan rica de los países del Este: tal vez así podamos comprender mejor en qué consiste la libertad y liberarnos un poco del ombliguismo que fomentan los nacionalismos ideologizados y cortos de miras.

Lo cierto es que, aunque uno pueda no compartir todas las consideraciones del autor, resulta impresionante su capacidad argumentativa, su convicción y su alegría, como se aprecia en una de sus anotaciones claves, del 2 de agosto de 1964 a la espera de abandonar la cárcel: «En la pequeña celda de Zarca, solo, me arrodillo y hago balance. Entré en la cárcel ciego (con vagos atisbos de luz, pero no sobre la realidad sino interiores; iluminaciones que nacen de la propia tiniebla y deshacen la oscuridad sin disiparla) y salgo con los ojos abiertos; entré mimado y caprichoso y salgo curado de ínfulas, aires de grandeza y caprichos; entré insatisfecho y salgo conociendo la felicidad; entré nervioso, irascible, sensible a las minucias y salgo indiferente; el sol y la vida me decían poco, ahora sé saborear un trozo de pan, por pequeño que sea; salgo admirando por encima de todo el valor, la dignidad, el honor, el heroísmo; salgo reconciliado: con aquellos a los que he hecho mal, con los amigos y los enemigos, incluso consigo mismo».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

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