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Nota: 'Fantasmas en los que sí podemos creer' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 6 de junio de 2008

Fantasmas en los que sí podemos creer


El comprador de aniversarios,
de Adolfo García Ortega, es un relato más, pero un buen relato, acerca de la barbarie nazi. A partir de la breve mención que Primo Levi hace en La tregua de un niño de tres años llamado Hurbinek, el narrador compone un mosaico de historias y reflexiones. En cortas escenas sucesivas que saltan atrás y adelante, alterna hechos reales con otros imaginados, datos históricos y testimonios ciertos con suposiciones y con posibilidades futuras no cumplidas.

Por delante del lector desfilan la vida de los padres de Hurbinek, los comportamientos y los testimonios de quienes acompañaban a Levi y a Hurbinek en el mismo barracón de Auschwitz, momentos de la vida previa y posterior del mismo Primo Levi, reflexiones y recuerdos del narrador encamado en un hospital de Frankfurt debido a un accidente de tráfico, descripciones de las torturas en los campos de concentración, comentarios a los experimentos de Mengele, sueños de Walter Benjamin...

La narración, bien escrita y estructurada con cuidado, puede llamarse posmoderna por la cantidad de referencias literarias que contiene, y también por convertir en el centro de todo al propio narrador, a su horror ante las crueldades cometidas con los niños y a su cambio interior después de su accidente. El mismo título se refiere a su deseo literario de que los niños fallecidos pudieran volver a celebrar sus cumpleaños. Para muchos lectores sonará todo conocido y artificioso y, lógicamente, sin la fuerza de los testimonios directos. No hay referencias positivas ni negativas a Dios o a cuestiones religiosas, lo que siempre choca en un relato de situaciones tan extremas.

Sea como sea, en una sociedad como la nuestra no está de más volver a poner delante de muchos lectores esta clase de crueldades: «Es fácil matar a un niño, es más fácil aún matar a miles de niños, pero no es nada fácil eliminar la memoria de los niños, cuando son masacrados. No sé la razón, a veces creo que es porque las vidas de los niños muertos son vidas no vividas que han de cumplir su existencia como fábula, en una especie de limbo sin tiempo ubicado en la historia, y cuya presencia irredenta vuelve para cobrarse una venganza justa. Si de verdad creyera en los fantasmas, sólo creería en los fantasmas de los niños masacrados».

Adolfo García Ortega. El comprador de aniversarios (2008). Barcelona: Seix Barral, 2008; 245 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-1248-2.

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