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Nota: 'Ingredientes de una buena narración' :: bienvenidosalafiesta ::    
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miércoles, 11 de febrero de 2009

Ingredientes de una buena narración


Hace unos meses comenté Tobi Lolness, La huida de Tobi, de Timothée de Fombelle. La segunda parte, Los ojos de Elisha, comienza cuando, después de pasar dos años con el pueblo de la hierba, Tobi vuelve al árbol: sus padres siguen prisioneros a la espera de que su padre revele por fin su descubrimiento a Jo Mich; y Elisha está en manos de Leo Blue, el amigo de la infancia de Tobi, a la espera de que acceda a casarse con él. Tobi se une a los leñadores que dirige Nils Amen y busca la forma de liberar a sus padres, de encontrar a Elisha, y de salvar el árbol.

No insistiré ni en el atractivo y las cualidades de la historia, ni en los defectos a los que me referí al comentar la primera parte, pues lo mismo se puede decir esta vez. Sí apunto tres rasgos del humor y la poesía de la narración que contribuyen al tirón del relato.

Uno, cuando se nos cuenta que la madre de Tobi, Maya, tejía calcetines para los guardias, se nos habla de una satisfactoria minirepresalia que los héroes cautivos toman contra sus carceleros: «En apariencia, esos calcetines parecían abrigar mucho, pero Maya había inventado para ellos el punto llamado “corriente de aire”, que dajaba pasar el frío y la humedad y retenía la transpiración. Gracias a ella, los pies de los guardias siempre estaban helados y olían a queso».

Otro, la complejidad y variedad de la historia hacen olvidar al lector que los personajes y los escenarios son muy, muy pequeños (bueno, también el narrador a veces parece olvidarse), pero hay oportunas alusiones a la cuestión que lo recuerdan y que tienen una gracia particular: así, cuando después de algún tiempo se recorta contra la puerta de los prisioneros el corpulento Jo Mitch, se comenta que «vestía la misma ropa de siempre, cuando había engordado un gramo».

Y otro más es que hay pequeñas y sencillas descripciones que, a la vez que llegan al corazón, tienen un toque bromista. Un ejemplo es cuando se habla de que una fiesta es un misterio que no depende de la voluntad y, a continuación, el narrador enumera «los mil y un ingredientes que vuelven una comida maravillosa: unos padres, unos abuelos, una niña, un amigo al que se creía perdido, buen pan, personas ausentes en quienes se piensa, una reconciliación, fuego en la chimenea, alguien que creía que iba a pasar la Navidad solo, nieve en la ventana, la fragilidad de la dicha, la belleza de Mia, vino dulce, recuerdos comunes y morcilla».

Timothée de Fombelle. Tobi Lolness. Los ojos de Elisha (Tobie Lolness. Les yeux d’Elisha, 2007). Barcelona: Salamandra, 2008; 350 pp.; ilust. de François Place; trad. de Teresa Clavell Lledó; ISBN: 978-84-9838-187-0.

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