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martes, 24 de marzo de 2009

Falta cuidado, sobra chispa


He leído recientemente cuatro libros de Eoin Colfer: los tres de Max Malabar —con el mismo tipo de humor hiperbólico que, por ejemplo, los de Stink— y el más juvenil y jamesbondiano El caso cero. Igual que los demás libros del autor que conozco, me han divertido. Me parece fácil comprender por qué tienen tanto éxito, igual que me parece fácil también ver dónde fallan o, dicho de otro modo, por qué tienen tanto presente y tan poco futuro.

Max, el segundo de cinco hermanos, cuenta sus aventuras, centradas sobre todo en que su hermano mayor, Marty, le intenta gastar bromas pesadas: en el primer libro ambos van a una biblioteca y, a pesar de que la bibliotecaria parece un poco sádica y Marty intenta usar a Max para tomarle el pelo, se acaban aficionando a la lectura; en el segundo, los dos van a una fiesta y, al regreso, Marty quiere gastarle una broma terrorífica a Max; en el tercero, Marty intercambia relatos con su abuelo a ver a cuál de los dos le ha pasado lo peor en la vida.

El caso cero está narrado también por el protagonista, un precoz detective colegial de doce años, que se presenta en la primera línea como «Moon, Fletcher Moon», lo que ya da el tono de la historia y nos adelanta que tenemos delante un protagonista muy capaz, intelectual y tecnológicamente.

El principal problema que todos los relatos tienen es que la narración en primera persona siempre va muy por encima de la edad del protagonista. Al autor no le importa, claro está, pero lo sabe bien y hay momentos en los que debe frenar y disculparse: «claro que, a los dos años, no sabía palabras como “revolotear” ni “nubes de polvo”. Probablemente pensaba cosas como: Max cansado. Max quiere mamá».

La principal virtud es que los relatos tienen chispa. En las aventuras de Fletcher Moon todo es disparatado pero sostienen el interés los diálogos con réplicas certeras y los ramalazos descriptivos que atrapan bien los pensamientos propios de los protagonistas. En los libros de Max, se usan oportunamente muchas expresiones coloquiales y gráficas —estaba más oscuro que «el sobaco de un mono», por ejemplo—, y se consigue presentar al protagonista como un buen chico inocente y desamparado frente a la mala idea de sus hermanos de modo que, al final, el lector quede satisfecho con su revancha. Además, algunas situaciones con verdadera tensión, por ejemplo el episodio central del tercer libro de Max, dan idea de las posibilidades serias del autor.

Las ilustraciones irónicas de Tony Ross para los relatos de Max van muy bien con esa clase de historias.

Eoin Colfer. La bibliotecaria monstruosa (The Legend of Spud Murphy, 2005). Barcelona: Montena, 2008; 97 pp.; Max Malabar 1; ilust. de Tony Ross; trad. de Teresa Camprodón; ISBN: 978-84-8441-433-9
Eoin Colfer. El tesoro del pirata Crow (Legend of Captain Crow's Teeth, 2006). Barcelona: Montena, 2008; 99 pp.; Max Malabar 2; ilust. de Tony Ross; trad. de Teresa Camprodón; ISBN: 978-84-8441-434-6.
Eoin Colfer. Max Malabar: trastadas y desastres (Legend of the Worst Boy in the World, 2007). Barcelona: Montena, 2008; 98 pp.; Max Malabar 3; ilust. de Tony Ross; trad. de Teresa Camprodón Alberca; ISBN: 978-84-8441-435-3.
Eoin Colfer. El caso cero (Half-Moon Investigations, 2006). Barcelona: Montena, 2008; 302 pp.; trad. de Ana Alcaina; ISBN: 978-84-8441-407-0.


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