Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Nota: 'Un vago sin tiempo de hacer nada' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
ChesterBasilH.jpg

sábado, 4 de abril de 2009

Un vago sin tiempo de hacer nada


El año 2001 se publicó por primera vez Basil Howe, una novela corta que Chesterton escribió cuando tenía veinte años. El manuscrito estaba entre los papeles y cuadernos que conservó su secretaria, Dorothy Collins, hasta su fallecimiento el año 1989. Fue descubierto años después por un especialista en Chesterton que lo publicó con un prólogo explicativo que no está en la edición española. Esto tiene inconvenientes —algunos lectores desearían saber más cosas— pero también ventajas —deja que la novela se defienda por sí misma—.

Dejando de lado que la profundidad y el ingenio de muchos diálogos y consideraciones van mucho más allá de lo que uno espera de un autor tan joven, el primer punto de interés de Basil Howe es que se trata de una novela diferente a otras de su autor: su núcleo es un enamoramiento y sus aires, salvando muchas distancias, recuerdan algo a las novelas de Jane Austen. En la primera parte su protagonista, un joven de 19 años tan inteligente como extravagante, conoce a las tres hermanas Grey y conecta especialmente con la pequeña y rebelde Gertrude. En la segunda parte, cinco años después, el joven Basil, ya un periodista de 23 años, recupera el trato con la chica mientras un lejano primo suyo, Valentine Amiens, se enamora de la responsable y seria hermana mayor, Catherine.

El segundo punto de interés, sobre todo para los seguidores de Chesterton, está en lo que muestra de su mente y de sus ideas cuando era muy joven. Por una parte se supone que hay algo de autobiográfico en la historia, no sólo porque su autor tuviera rasgos y reacciones de Basil y Valentine, igual que los podía tener de sus detectives posteriores, sino porque se describen situaciones que muy probablemente vivió de joven. Por otra, en la narración se apuntan temas que más tarde tratará extensamente: al final hay unos interesantes intercambios de opiniones entre Valentine y Basil, uno a favor de la Edad Media y el otro a favor de la propia época, uno en contra del periodismo y la publicidad y otro que hace notar su predilección por ambos (argumentos que aparecerán poco después en los artículos publicados en The Defendant).

El tercero, ya para cualquier lector, es que, aunque la novela tenga fallos de consistencia semejantes a los de otras novelas suyas —diálogos inteligentes pero tal vez excesivos, estructura episódica e incompleta, personajes poco acabados, etc.—, tiene una frescura particular. El motivo tal vez está en que aquí Chesterton no tiene más interés que el de contar algo y, a su modo peculiar, lo hace bien: consigue transmitir la tensión propia de la inseguridad, el temor y la exaltación que se pueden dar en los momentos en los que nace y se asienta el amor. Además, el personaje de Basil tiene mucha gracia (chestertoniana): «Yo soy tan vago que apenas tengo tiempo de hacer nada»; «me temo que les he impedido hacer toda clase de cosas que no querían hacer. Yo mismo tengo que ir a acabar de tumbarme en la hierba»; «la mejor manera de parar una barca, en mi opinión —observó científicamente— es amarrar una orilla a la misma. Así se queda bien paradita».

G. K. Chesterton. Basil Howe (1894, publicado por primera vez en 2001). Córdoba: El Olivo azul, 2009; 138 pp.; trad. y notas de Diana Pérez García; ISBN: 978-84-936637-5-9.

Enviar Imprimir

publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo