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Nota: 'La cólera de Dios' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 2 de mayo de 2009

La cólera de Dios


Eugenics and Other Evils,
Eugenesia y otras maldades, fue un libro que Chesterton comenzó a escribir en 1910 pero que finalmente publicó en 1922. La eugenesia, la «aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana» según el DRAE, se puso de moda en las primeras décadas del siglo XX: la prensa de la época informaba positivamente al respecto e importantes figuras públicas la promovían. En aquel momento, eugenesia se identificaba con los intentos de que nacieran niños sanos y se impidiesen los nacimientos de niños enfermos, con parte de lo que luego se ha llamado planificación familiar, y estaban aún lejos las fronteras que hoy hemos dejado muy atrás. Uno de los sucesos que originó el libro se cuenta en el último capítulo: los avatares de una pareja dispuesta a todos los sacrificios para que su hija fuera perfecta —tal vez también el origen del relato How I Found the Superman, un artículo publicado en Alarmas y Discusiones, en 1910—.

El motivo por que el que Chesterton aplazó el libro en su momento fue que estas cuestiones dejaron de tener relevancia en los periódicos, y de suscitar simpatías en los lectores ingleses, cuando estalló la primera Guerra Mundial, pues buena parte de los inspiradores científicos de la eugenesia eran alemanes. Y la razón por la que finalmente se decidió a publicarlo, unos años después del fin de la Gran Guerra, estuvo en que los mismos argumentos volvieron a cobrar fuerza y vio con claridad las consecuencias sociales que tendrían: «una revolución que no ha sucedido antes nunca». Por una parte todo parece indicar que Chesterton no creía que las cosas pudieran llegar tan lejos como luego han llegado: es gráfico su ejemplo de que «es esencial resistirse a una tiranía antes de que exista. No es una respuesta decir, con un optimismo lejano, que las ideas están solo en el aire. Un golpe de hacha puede sólo ser evitado mientras el hacha está en el aire». Pero, por otra, también pronosticó que la mente moderna estaba en una disposición de avanzar hacia una legislación eugenésica donde tendría cabida «cualquier extravagancia concebible o inconcebible».

Sea como sea, en aquella época sólo Chesterton escribió sobre la cuestión en esos términos tan alarmantes. Antes de Un mundo feliz, que Aldous Huxley escribió en 1931, Chesterton había mencionado la tiranía que deseaba controlar los «lugares sagrados y secretos de la libertad personal, que ningún hombre cuerdo había soñado siquiera con ver, y especialmente el santuario del sexo». Más tarde, la marcha de las cosas se frenó debido a la reacción emocional popular provocada por el conocimiento del uso que hizo Hitler de las teorías eugenésicas para intentar crear una raza superior y justificar así sus atrocidades. Pero, como es sabido, en países como Norteamérica se habían llevado a cabo políticas masivas de esterilización de los enfermos mentales y se habían defendido medidas para mejorar «la raza».

Después de una presentación-explicación, Chesterton divide su libro en dos partes, «La falsa teoría» y «El verdadero objetivo», con ocho y nueve capítulos respectivamente, aunque el último tiene una función de anexo, como ya dije. En cada uno trata una cuestión y, al terminar la primera parte, resume lo tratado hasta el momento para que, dice, «ninguna cuestión personal irrelevante o cualquier énfasis excesivo (al que sé bien que tengo tendencia) tuerza el curso del que creo que es un argumento limpio y consistente». Y, en efecto, el hilo conductor y los razonamientos que se desgranan se siguen bien, y tanto la mención de algunos nombres propios de científicos o propagandistas de la eugenesia como algunas referencias literarias o históricas, no afectan a la comprensión de lo que se dice.

Con ideas que había tratado ya en Lo que está mal en el mundo y que desarrollará de nuevo en The Outline of Sanity, Chesterton señala el avance que se ha producido hacia una tiranía burocrática cada vez mayor, propia de un estado socialista, sin que por el camino hayan disminuido las desigualdades propias de un estado capitalista. Resulta curioso leer ahora el anuncio de que llegaríamos a una situación en la que a los ciudadanos se les consultaría si, por ejemplo, se debe permitir o no a un país tercermundista lejano que tenga una flota de guerra, al mismo tiempo que no se les permitiría que sus hijos pudiesen jugar con espadas de madera.

Al final Chesterton confiesa que ve unas perspectivas muy malas pero —termina diciendo en un brillantísimo párrafo que recorto y adapto desde aquí al final— al menos podemos afirmar que la nuestra no es la protesta propia del demagogo. Aquellos a los que servimos nunca gobernarán, aquellos de los que nos compadecemos nunca crecerán. Nunca existirá un sindicato de niños disminuidos. Ningún gobierno moderno se tambaleará [debido a quienes no llegaron a nacer, o quedaron inválidos, o murieron]. Esos hombres poderosos [que ganan votos y poder y dinero con estas actividades] no necesitan enfadarse con nosotros, que a fin de cuentas rogamos por personas que nunca leerán nuestras palabras, ni premiarán nuestros esfuerzos, ni nos estarán agradecidos. Tampoco tienen motivos para preocuparse porque recordemos esas triviales tragedias de corazones y hogares rotos que se desvanecerán con el paso del tiempo, esos gritos ahogados por un furioso viento y esas palabras salvajes de desesperación escritas sólo en el agua que corre, «unless, indeed, as some so stubbornly and strangely say, they are somewhere cut deep into a rock, in the red granite of the wrath of God».

Notas en las que aparece citado este libro: Los sinsentidos que nos amenazan.

G. K. Chesterton. Eugenics and Other Evils, 1922. Nueva edición, titulada La eugenesia y otras desgracias, en Sevilla: Espuela de Plata, 2012; 240 pp.; col. Clásicos y modernos; trad. de Aurora Rice Derqui; ISBN: 978-84-1577-58-6.

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