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sábado, 23 de mayo de 2009

Intolerantes con la ortodoxia


Fábulas y cuentos
es un libro que contiene treinta y un relatos de Chesterton que fueron publicados en distintos periódicos y revistas, entre 1896 y 1931. La edición que cito no indica nada pero, por los datos que tengo, me parece que se corresponde con la recopilación titulada Dailight and Nightmare (1986). Se dan los títulos en inglés de las historias pero entre ellas se anuncia «A Picture of Tuesday» (1896), que luego no está incluida (aunque se puede leer en Tratado elemental de demonología). En cualquier caso, varios textos son artículos ya contenidos en otros libros. Unos están en Alarmas y digresiones: «Las tres edades» (aunque su título original según este libro es «The Three Temples» y en Alarmas y digresiones era «Acerca de las gárgolas»), «Los duques», «Cómo encontré al superhombre», «El arco largo». Y, en Enormes minucias estaban «El gigante», «La calle irritada» (aunque su título original era «A Somewhat Improbable Story» y en este libro se cita como «The Angry Street»). «El árbol del orgullo» está en el interior del relato policial titulado Los árboles del orgullo.

Entre los relatos que responden a cuestiones que interesaban particularmente al autor, uno es «Un auténtico descubrimiento», acerca del misterio de la perspectiva: el narrador descubre los trabajos ocultos de un gran científico, empeñado en conseguir el descubrimiento más importante del siglo: fabricar distancia y fabricar silencio pues, afirma, «el hombre es una montaña que debe verse desde lejos. El hombre es un monumento o una estatua que requiere un espacio más abierto o un fondo más simple». Otro, que trata también de la verdad desde otro punto de vista, es El arco largo, basado en el dicho inglés acerca de que tirar con el arco largo es decir una gran mentira, habla de cuatro arqueros que cuentan historias al rey —«un rey de esos que nunca llegan a conocer el mundo, ni siquiera cuando lo conquistan»—, pero éste siempre les cree, por más absurdas que resulten: uno, que detiene a otros arqueros disparando a las flechas una a una; otro, que le dio al hombre de la Luna: no se le ve, por tanto le dio, la ciencia lo demuestra; otro, que sus flechas se convierten en pájaros: la evolución. Hasta que uno le cuenta algo que le afecta personalmente y entonces ya no le cree: os creo, les dice, porque me dais argumentos científicos, pero «no os creo cuando me contáis lo que sé que es mentira».

Varios responden a un modelo que a Chesterton le gustaba: el del personaje que acaba cayendo en la cuenta del error de sus posiciones previas. En «Duques» es un aristócrata francés que admira desde lejos a los aristócratas ingleses pero que, cuando los conoce de cerca, les acusa de haber extendido la vulgaridad, de haberse «hecho uña y carne con los avaros y aventureros hacia los cuales un caballero no tiene otro deber que el de mantenerlos a raya», para concluir: «no sé qué hará su pueblo con ustedes, pero el mío los mataría». En «Sobre tenderos como dioses» es el dependiente de una tienda, que decide abandonarla a la vista de la escasa moralidad del tendero, por lo que cruza el mar y se instala en una ciudad colectivista..., para volver luego a su antigua ciudad porque allí, «donde se pelean unos con otros como ratas», «muestran al menos que están vivos».

La misma idea se puede leer en «Conversión de un anarquista», cuyo protagonista es un tipo que, cuando comprueba que los miembros de un club anarquista lo soportan todo menos la sensatez y toleran todas las herejías pero no la ortodoxia, decide casarse por la iglesia tal y como desea su novia: «siempre has sido más lista que yo», reconoce al final. El personaje de una mujer joven que comprende las cosas más sencillamente y también con más profundidad que la gente supuestamente lista que tiene alrededor, está en el núcleo de «El fin de la sabiduría», donde un tipo recibe cartas anónimas durante un tiempo, luego se casa, y al final descubre que quien le había estado mandado las cartas era la que más tarde fue su mujer. Chesterton elogia, una vez más, la domesticidad, lo cercano, la sabiduría de quien sabe ver las cosas más grandes en lo que tiene más cerca: la moraleja de su relato es que «quien verdaderamente ha dado la vuelta al mundo entero es quien está deseoso de llegar a su casa; que el fin de la sabiduría es el principio de la vida y que incluso Dios se agachó para cruzar una puerta estrecha, en la hora en que la Palabra se hizo carne».

G. K. Chesterton. Fábulas y cuentos (relatos publicados entre 1896 y 1931). Madrid: Valdemar, 2000; 277 pp.; col. El Club Diógenes; trad. de Marta Torres Llopis; ISBN: 84-7702-330-1.

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