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Nota: 'Buena sintonía' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Buena sintonía


Barro de Medellín,
de Alfredo Gómez Cerdá, es un relato bien sintonizado con varios objetivos de mucha literatura infantil actual. Uno, enseñar a los chicos del primer mundo las condiciones de vida en otros lugares y hacerles un poco más conscientes de su situación privilegiada. Otro, presentar de modo positivo el mundo de las bibliotecas y buscar modos de facilitar el acercamiento de los niños a los libros.

Los protagonistas de la historia son Camilo y Andrés, dos niños de diez años, que viven en la parte más alta de un barrio extremo de Medellín cuyas calles se inundan y se convierten en lodazales cuando caen las lluvias. No van a la escuela, se pasan la vida deambulando por las calles, haciendo gamberradas pequeñas y hablando de los deseos de Camilo de ser ladrón de mayor. El conflicto de la historia está en que Camilo ha de conseguir aguardiente para su padre y en el descubrimiento que los dos niños hacen de la nueva y gran biblioteca de la ciudad.

La narración es clara y sobria. Aunque los diálogos entre los dos protagonistas formalmente no serían los de dos chicos como los que se describen —según me dice un amigo colombiano—, psicológicamente sí parece un buen retrato de sus mundos interiores. El desenlace resulta honrado: es positivo, pues deja en el aire una pequeña esperanza para los protagonistas, pero no es engañoso.

Alfredo Gómez Cerdá. Barro de Medellín (2008). Zaragoza: Edelvives, 2008; 147 pp.; ilust. de Xan López Domínguez; ISBN: 978-84-263-6825-6.

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