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sábado, 5 de diciembre de 2009

Tradiciones vivas


All is Grist
fue un libro que reunió treinta y ocho artículos publicados por Chesterton en el Illustrated London News a lo largo de 1930 y 1931. Junto con Come to Think of it, al que siguió, es el que contiene los artículos que ahora son menos conocidos porque, así como las otras recopilaciones del final de su vida están disponibles en la red, estos dos libros no lo están. Dada la fecha de su publicación, y que no debió haber un editor que pensase qué sería mejor incluir y qué no, algunos contienen ideas de libros casi contemporáneos: las ideas de «On the Renaissance» sobre la paradoja del Renacimiento en Roma, o sobre cómo la fe puede adoptar distintos ropajes estéticos, las encontramos en The Resurrection of Rome; de su viaje reciente a Canadá proceden «On Thoughts in Canada» y «On Travel’s Surprises», sobre cómo a veces los cuentos de viajeros nos parecen cuentos de embustes pero, en realidad, en ocasiones uno comprueba que no lo son tanto cuando ve las cosas por sí mismo.

Entre los textos sobre cuestiones literarias destaco dos. Uno, «On Anthony Trollope: Historian», donde señala con ironía que «lo que los historiadores serios han disfrazado el novelista frívolo lo ha detectado. Las historias de aquellos son ficción y las ficciones del segundo son historia»: Trollope fue un testigo de que Inglaterra es un estado aristocrático, y no un estado burgués; un testigo sólido del pasado porque ni era consciente de que lo estaba siendo. Otro, largo y jugoso, es el titulado «On Algernon Charles Swinburne», donde señala que Swimburne y Eliot, poetas de moda en épocas distintas, tenían ideas opuestas, del periodo de Mazzini las del primero y del de Mussolini las del segundo, y de ahí saca un ejemplo más de que la última revolución se produce siempre contra la revolución previa.

Hay varios artículos con el enfoque global de la tercera parte de Sidelights on New London and Newer York: el de poner las nuevas modas frente a las antiguas costumbres para explicar qué significaban estas últimas y qué significan o qué consecuencias pueden tener las novedades. En «On Sightseeing» señala que siempre es más sabio considerar no por qué una cosa no es gozosa sino por qué nosotros no gozamos con ella, y aclara que los distintos tipos de arte monumental siempre fueron hechos para dos tipos de observadores, los viajeros y los peregrinos, algo que se ha visto alterado con la nueva moda de ir a los museos, tantas veces una comida intelectual incongruente. En «On the Pleasures of no Longer Being Very Young» dice que «la ventaja de ir cumpliendo años está en descubrir que las tradiciones son verdad y, por eso, vivas; más aún, una tradición no es ni siquiera tradicional si no está viva»; y, en el terreno artístico, una de las ventajas «de quienes tienen muchos años es que ellos ven las nuevas cosas agudamente contrastadas contra un fondo de formas distintas y definidas» mientras que «para los jóvenes esas nuevas cosas son a menudo ellas mismas el fondo y a duras penas las ven», piensan que viven en un mundo lleno de cosas muertas y sin significado y no pueden darse del todo cuenta de que la realidad es justo la contraria. Otra comparación entre el presente y el pasado está en «On the Intellect of Yesterday», donde comienza diciendo que se suele asegurar que la generación actual está mejor educada que las anteriores, aunque curiosamente quienes responden a ese tipo de encuestas son gentes de la generación actual, y luego desarrolla la tesis, no por primera ni última vez, de que estamos en una Edad Psicológica y no en una Edad Intelectual: el mundo ha mejorado en todo menos en el intelecto; ha mejorado en sensibilidad artística, en simpatías sociales, en la capacidad de apreciar las señales que se dirigen a nuestros sentimientos, pues esos códigos los manejamos mejor; pero, sin embargo, nuestra capacidad de seguir un proceso de razonamiento largo es cada vez menor pues hoy el énfasis se pone no en los argumentos sino en las estrategias para persuadir a los hombres.

En esa misma línea de razonar correctamente, «On Flocking» responde a quienes hablan de que hoy día la gente huye de las iglesias y por eso proponen cambios: señala, primero, que un memorial de guerra es un memorial de guerra y quien va allí espera encontrar eso y no otra cosa y, segundo, que «incluso suponiendo que la teología fuera impopular, de ahí no se concluye que la ausencia de teología fuera popular»; o, dicho de un modo más general, se ha de razonar yendo de la causa al efecto y no del efecto a la causa, no se puede comenzar con el resultado y luego razonar como si la causa hubiese sido añadida después del resultado, es decir, sugerir que el resultado debería destruir la causa. De un modo parecido, en «On Liberties and Lotteries» señala la inconsistencia del argumento que afirma que un hombre no está en lo correcto porque muchos otros se comportan de manera distinta: de que haya distintos conceptos de decencia no se concluye que todos valgan igual, del mismo modo que un hombre puede sostener que la tierra es redonda mientras que todos los demás dicen que es plana; el hecho de que Mussolini permitiera las loterías y en la Inglaterra de la época estuvieran prohibidas significa que una cosa son las distintas libertades y otra la libertad, que la noción de libertad se acaba diluyendo en un polvo de diferenciaciones y distinciones si no fijamos un principio por el que las diferencias puedan ser contrastadas.

G. K. Chesterton. All is Grist (1931). New York: Dodd, Mead and Company, 1932; 262 pp. Que yo sepa, no hay edición en la red. El libro como tal se puede conseguir en el mercado de segunda mano. Los artículos que contiene, junto con otros, están en el volumen 35 de Collected Works by G. K. Chesterton, Ignatius Press.

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