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Nota: 'Amistades malvadas' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 26 de diciembre de 2009

Amistades malvadas


As I Was Saying
reúne treinta y seis artículos de Chesterton publicados en el Illustrated London News entre 1934 y 1935. Dos habían sido recogidos ya en Awowals and Denials con otros títulos: «About Shamelessness» —o el impudor que se presenta como una nueva sensibilidad cuando realmente no es más que una nueva insensibilidad—, y «About Puritanism» —o las consecuencias de perder la religión y conservar la moralidad—, allí se llamaban «On Dialect and Decency» y «On the Fossil of a Fanatic». Otro, «About Voltaire» se publicó más tarde, con el título «The Evil Friendship», en The End of Armistice: Chesterton habla de que a veces parece que la historia está determinada por amistades malvadas, unas que comenzaron y otras que terminaron con una pelea, como la de Pilatos y Herodes en el primer caso y la de Voltaire y Federico de Prusia en el segundo.

Entre los artículos literarios en la misma línea de la tercera parte de Sidelights on New London and Newer York, uno interesante es «About the Past», donde dice que «hay algo muy raro en este sistema de alternancia, blanco y negro como un tablero de ajedrez», en la historia de la literatura, «como si cada hombre odiase a su padre y adorase a su abuelo», y pone como ejemplo que Aldous Huxley es como un retorno a Swift, habla de cierto paralelismo entre la falta de misericordia de Un mundo feliz y la de Los viajes de Gulliver, e indica que «esos que desprecian el sentimentalismo ahora tienen tendencia a hablar como si nadie lo hubiese despreciado antes». Una novedad, a la que dedica «About Widows», es la de los libros de memorias de algunas viudas de literatos célebres: dice que la novedad no está en lo literario sino en el nuevo tipo de viuda, tan distinta de la viuda cómica que popularizara Chaucer; y señala que ese tipo de libros revela una visión de la vida y del arte muy poco natural: parece como si «la biografía no fuera hecha para el hombre sino el hombre para la biografía», un síntoma más de que vivimos en un mundo de publicidad ruidoso pero espiritualmente muerto.

En «About Historians» se pregunta por qué nadie ha escrito una Historia de las Historias de Inglaterra. En «About Modern Girls» habla de la tragedia de una nueva generación a la que se les ha enseñado a odiar a su padre y a su abuelo pero se les dice que deben amar a todos los hombres como hermanos. En «About Royal Weddings» señala cómo las bodas históricas, donde vemos viejas formas de heráldica y de caballería, viejos emblemas del pasado que resurgen con ocasión de un ritual, son un modo más genuino y real de recordar la historia que el modo periodístico, pues cada escudo de armas, cada bandera y cada ritual nos recuerdan que hemos heredado una experiencia viva y compleja y nos previenen de que no hagamos el presente más estrecho que el pasado.

En «About Mad Metaphors» habla de cómo las figuras del lenguaje acaban siendo como fósiles y de la necesidad de evitar el reblandecimiento del cerebro de quienes conservan las metáforas mucho tiempo después de que hayan perdido su significado. En «About Bad Comparisons» (contenido en Correr tras el propio sombrero) señala el error de quienes suponen que una cosa es una extensión de otra o un exceso de otra cuando, en realidad, es otra cosa completamente distinta: así, el autoritarismo, el exceso de autoridad, por ejemplo de un policía, no es exagerar la autoridad sino reducirla a nada.

Entre los artículos que tratan sobre la futura segunda guerra mundial, en «About Loving Germans» se lamenta de que haya gente que admira lo peor y no lo mejor de los demás: cuando alguien elogió a la nueva Alemania «sostuve que yo tenía mucha más simpatía por un soldado que muere por el Kaiser que por un experto trabajando para los Krupps», en especial un experto en gas venenoso. En «About Impenitence», sobre los pacifistas de la época, comenta que los estoicos hablaban de soportar el dolor con paciencia pero no se les ocurría decir que su paciencia impediría que otros les causaran dolor; que los mártires soportaron torturas por sus creencias pero nunca dijeron que no creían en la tortura; en cambio los pacifistas suponen que pueden acabar con un reinado de violencia y orgullo sin hacer nada pero, ¿cree alguien que Hitler o Stalin o Mussolini abandonarán sus planes porque los pacifistas se propongan no interferir con ellos?

G. K. Chesterton. As I Was Saying, 1936.

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