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Nota: 'Funciones de la literatura juvenil' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 11 de febrero de 2010

Funciones de la literatura juvenil


La bruja de Trasmoz,
de César Fernández, reúne bien algunas de las funciones de la literatura juvenil: conecta con el lector joven por su intriga, en especial con la querencia natural de muchos por los relatos de miedo, y conduce a la lectura de un clásico como Bécquer pues todo está basado en un episodio de su vida y abundan las referencias a sus leyendas.

Su protagonista es Emilio, un joven programador informático, descendiente de Bécquer, que tiene unos sueños misteriosos y está insatisfecho en su trabajo. Decide abandonarlo e, igual que su antepasado pasó un tiempo en monasterio de Veruela para escribir leyendas sobre esos parajes, se va unos días a la hospedería de un monasterio cercano a ese lugar para poner en orden sus ideas y, tal vez, escribir una novela.

Desde mi punto de vista, tal vez algunas motivaciones y comportamientos de los personajes podrían ser más convincentes; y también algunos aspectos formales del texto podrían estar más cuidados —por ejemplo, a mí me parecen vacías algunas expresiones típicas de relatos que intentan convocar el miedo en el lector como «la oscuridad que los acechaba» o «la negrura resultaba abominable»—. En cualquier caso, el hecho es que la narración atrapa y el lector desea saber cómo acabará todo, al margen de que funciona muy bien la integración de los pasajes de relatos de Bécquer en la historia.

César Fernández. La última bruja de Trasmoz (2009). Barcelona: La Galera, 2009; 183 pp.; ISBN: 978-84-246-3278-6.

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