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Nota: 'Crueldad surrealista' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 14 de mayo de 2010

Crueldad surrealista


El rey blanco,
de Gyögry Dragomán, es una novela que ha obtenido premios y que tiene interés como una pieza más del mosaico que refleja la vida en los países comunistas del Este. Es la segunda novela de su autor, nacido en Rumanía en 1973, en una familia de la minoría húngara, y que vive en Budapest desde 1988.

Un país que no se nombra pero se supone que es Rumanía. Tampoco se dan fechas, pero al comienzo hay una mención de una catástrofe nuclear, y Chernobyl tuvo lugar en 1986. El protagonista y narrador, Djata, tiene once años al comienzo. En el primer capítulo cuenta que ve a su padre subir a una furgoneta y piensa que se va por unos días pero, según pasa el tiempo, descubre que se lo habían llevado para trabajos forzados en el canal del Danubio. Luego se suceden distintos episodios. En unos, Djata trata con un entrenador de fútbol sádico, con un profesor terrorífico, con unos crueles obreros de la construcción. Tienen su buena dosis de violencia otros, en los que habla de sus amigos y compañeros, algunos en situaciones familiares comparables a la suya. Son exagerados y chuscos los que cuentan dos incidentes de tipo sexual. Otros tratan del acoso de las autoridades a la madre y de sus intentos desesperados para dar con el paradero de su marido; y de la distante relación de Djata con los abuelos por parte de su padre —pues el abuelo había sido secretario general del partido antes de caer en desgracia—.

El modo de contar, con frecuencia en larguísimos párrafos sin puntos, y en capítulos que a veces comienzan en medio de lo que sucede para que luego el narrador retroceda, es artificioso pero no va mal con un tipo de relato que no da casi respiros de humor y de bondad, y con el punto de vista del niño que habla de cosas que no entiende pero que sí son comprensibles para el lector. Con todo, el narrador va muy por encima de su edad en algunas ocasiones. Las referencias a Dios en las expresiones que usan unos y otros personajes van siempre con minúscula en la novela, cosa que no sé si comprender como una muestra más de un mundo que no sólo es corrupto y violento, sino también surrealista e inepto hasta extremos cómicos. Lo más destacable son sus capítulos primero y último, y cómo refleja las ansias de Djata por reencontrarse con su padre y su conciencia creciente del sufrimiento de su madre.

Gyögry Dragomán. El rey blanco (A fehér király, 2005). Barcelona: RBA, 2010; 255 pp.; trad. de José Miguel González Trebejo; ISBN: 978-84-9867-717-1.

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