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Nota: 'Amar y sufrir' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 30 de septiembre de 2010

Amar y sufrir


Siento prevención ante las novelas en las que un escritor viene y cuenta un conflicto de otro país: siempre me parece que, por muy bien que lo conozca, tiene difícil hacerse cargo de toda la carga histórica y emocional que suele haber detrás. Al mismo tiempo es cierto que, a veces, es una manera, incluso la única, en la que podemos empezar a comprender algunas cosas. Luego, mi desconfianza inicial puede crecer con la lectura, o porque ya conozco algo sobre la materia o porque hay comportamientos o situaciones que no me parecen creíbles; o puede disminuir, sobre todo cuando la narración no pretende ser más que un buen relato y una buena exposición de los hechos.

Este último es el caso de Llora Jerusalén, de Santiago Herraiz, cuya protagonista, Nora, una chica de dieciséis años que vive con sus abuelos, cuenta las cosas unos años después. Su narración comienza cuando una compañera de clase se suicida en un atentado terrorista en el que mueren varias personas más. Pocos días después, en una celebración familiar a la que ha sido invitada por su amiga Fátima, Nora es testigo de cómo un primo de Fátima, Ahmed, un chico de pocos años, es alcanzado por una bala disparada por soldados israelíes. Luego, Nora impide que Tarek, el hermano de Ahmed, lleve a cabo un atentado en venganza por lo sucedido. Más tarde, hará lo mismo cuando sea Fátima la que intente otro. En medio de la irracionalidad de los atentados suicidas y de las decisiones políticas y militares que azuzan más el odio, Nora ve cómo hay quienes optan por el perdón y también conoce por fin quiénes fueron sus padres.

Relato intenso que atrapa y no da respiro al lector. Nora es una chica lista que desea comprender, capaz de mantener una gran entereza en situaciones límite. Su narración muestra las distintas caras del conflicto por medio de sus reflexiones y de sus conversaciones: con sus amigos y amigas, con sus abuelos, con una profesora, con un fraile al que conoce un día que entra en una iglesia, con un oficial israelí. A través del comportamiento de algunos personajes —una madre palestina, una madre israelí, la misma Nora—, se acentúa el valor de quienes optan por el perdón e intentan actuar con sentido de la justicia. Se puede objetar que los diálogos son demasiado buenos y, por tanto, irreales tal como están contados, pero es cierto que la literatura, y en particular la literatura juvenil, también es eso: hacer más corta una historia larga, hacer comprender más con menos. Y no es fácil hablar tan bien de cómo Jerusalén, el lugar donde más se ha amado —dice un personaje—, es, también, el lugar donde más se ha sufrido y se sufre.

Santiago Herraiz. Llora Jerusalén (2009). Madrid: Bruño, 2009; 176 pp.; col. Paralelo Cero; ISBN: 978-84-216-6293-9. [Vista del libro en amazon.es]

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