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viernes, 29 de octubre de 2010

Cada noche, dos páginas


Un árbol crece en Brooklyn
, novela que parece inspirada en la infancia y adolescencia de la autora, Betty Smith, es una narración amena y viva, que divierte y conmueve, que respira bondad pero que no escamotea la dureza.

Se ambienta en las dos primeras décadas del siglo XX y cuenta la vida de la familia formada por Johnny y Katie Nolan, y sus hijos Francie y Neeley. Se centra, sobre todo, en la infancia y adolescencia de Francie, pero también presenta muchas cosas del mundo interior de sus padres, en especial de su madre. El relato sigue los pasos del aprendizaje de la vida de Francie y los de las decisiones que va tomando su madre, con una determinación extraordinaria, para sacar a sus hijos adelante. Aunque con menos detalle, otros personajes están bien perfilados, en especial el padre, bondadoso pero alcohólico, y la tía Sissy, una mujer de gran corazón pero con una vida revuelta.

Se narran escenas escolares que parecen estar en el origen de la novela. Una es cuando una profesora, después de que Francie primero le mintiera y luego le confesara la verdad, le dice: «cuando suceda algo, cuente lo sucedido exactamente, pero escriba usted lo que crea que debería haber sucedido. Diga la verdad y escriba el cuento». Otra es cuando otra profesora le intenta convencer de que no hay belleza en la escritura sobre gente y ambientes sórdidos, y Francie acaba pensando que la verdadera literatura es la que habla de las experiencias humanas verdaderas: el libro parece como un intento de transmitir la poesía y la épica de la vida de los barrios y las gentes humildes, que sólo pueden conseguir sus sueños de mejora social a partir de un gran empeño personal, y de un fuerte y sostenido apoyo familiar.

Hay escenas inolvidables. Algunas son las relacionadas con el rechazo de Katie y de Francie a manifestaciones de clasismo condescendiente: por ejemplo, la que cuenta los comentarios despectivos de un médico y una enfermera sobre la suciedad de los niños a los que tienen que vacunar. Pero, en especial, se quedan en la memoria las que tienen que ver con el aprendizaje lector de Francie: es graciosa la de que «antes de acostarse, Francie y Neeley tenían que leer una página de la Biblia y otra de Shakespeare. Era una regla. Katie había leído las dos páginas todas las noches hasta que ellos fueron capaces de hacerlo solos. Para ganar tiempo Neeley leía la Biblia y Francie leía Shakespeare. Hacía seis años que leían noche tras noche; habían llegado a la mitad de la Biblia y en las obras completas de Shakespeare estaban en Macbeth».

Betty Smith. Un árbol crece en Brooklyn (A Tree Grows in Brooklyn, 1943). Barcelona: Lumen, 2008; 505 pp.; trad. de Rojas Clavell; ISBN: 978-84-264-1678-0.

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