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sábado, 6 de noviembre de 2010

Un periodo vital incomprensible


Hablando de sí mismo, Chesterton decía que el paso de la infancia a la adolescencia, y la misteriosa transformación que se produce en «ese monstruo que es el estudiante», podía resumirse en el hecho de que las mayúsculas griegas las conoció como diversión cuando todavía era un niño, mientras que las minúsculas corrientes griegas le parecían tan desagradables como una nube de mosquitos porque las tuvo que aprender en la escuela, «durante el período vulgarmente llamado de educación; esto es, el periodo durante el cual me instruía alguien que no conocía, acerca de algo que no quería saber». «Digo esto sólo para demostrar que era un personaje mucho más sabio y amplio de ideas a la edad de seis años que a la edad de dieciséis. El cielo no permita que base sobre esta afirmación ninguna teoría pedagógica». Lo único que intento testimoniar es «el hecho curioso de que, por alguna razón, un muchacho pasa a menudo de un primer estado en el que quiere aprenderlo casi todo a un estado posterior en el que quiere no saber nada».

En fin, «la adolescencia es una cosa compleja e incomprensible. Ni habiéndola pasado, se entiende bien lo que es. Un hombre no puede comprender nunca del todo a un chico, aún habiendo sido niño. Crece, por encima de lo que fue el niño, una especie de protección que pica como pelo; una dureza, una indiferencia, una combinación extraña de energía dispersa y sin objeto mezclada con cierta disposición a aceptar las convenciones. (...) Tenemos que recordar aquí, una vez más, la falacia de la “ficción” durante la infancia. El niño no “finge” en realidad ser un indio bravo; como tampoco fingió Shelley ser una nube o Tennyson un arroyo. (...) Lo que el niño finge en realidad es ser un hombre». En cambio, en los convencionalismos de los estudiantes adolescentes como el que fui ya existía un leve toque de corrupción, «precisamente porque todo era más serio y menos franco que las mentirijillas de la infancia. Empezábamos a ser lo que no son nunca los niños: esnobs. Los niños desinfectan todas sus caracterizaciones dramáticas diciendo: “Vamos a fingir”. Nosotros los estudiantes nunca decíamos “vamos a fingir”, fingíamos únicamente». (Autobiografía)

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