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Nota: 'Ideas para una educación estética' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 12 de febrero de 2011

Ideas para una educación estética


En la nota Convertir a los borrachos en catadores aparecía la idea de la dificultad de una educación estética en un mundo como el nuestro.

Chesterton ponía eso en relación con la importancia de los juegos infantiles y apuntaba cómo él, cuando era niño, podía disfrutar del «fuego rojo» de la hoguera que se fabricaba él mismo cuando jugaba con su teatro de marionetas: al niño de antes, decía, «el teatro de juguete le mostraba pequeñas figuras de cosas grandes», mientras que al niño de hoy «los carteles de la ciudad le muestran grandes figuras de cosas pequeñas», uno de los ejemplos que se pueden poner de que nuestro mundo está lleno de proclamaciones que tienen énfasis pero no significado. («Matando los nervios», El Pozo y los charcos)

Se puede unir, también, al hecho de que los adultos dificultan la educación estética del niño cuando buscan que disfrute del arte en las condiciones más cómodas posibles, como si fueran las más inspiradoras: esto es un «error sobre la psicología del arte. Una persona que asciende una montaña para ver la salida del sol la ve de manera muy diferente de la que se le muestra, por medio de una linterna mágica, a un hombre sentado en una silla de brazos. Seamos piadosos con el hombre sentado en una silla de brazos, cuando sea una persona impedida, pero no demos por sentado que no existen cumbres que valga la pena ascender, o dramas suficientemente buenos que no valga la pena ir a verlos al teatro». («Sobre la radiodifusión», Charlas)

Y se puede relacionar con algo que las vanguardias artísticas recordaron: que la mirada del niño es, muchas veces, la verdaderamente artística. Nos damos cuenta de que es así si pensamos en que un niño mira una máquina de tren con más noción de su significado que un crítico de arte (de los que comprenden la cultura como admiración de la antigüedad) ve una catedral, si caemos en la cuenta de que las cosas antiguas existen, básicamente, para enseñarnos a ser jóvenes y para que seamos capaces de nacer de nuevo. («Science: Pro and Con», artículo en el vol. XXVIII, Collected Works, Illustrated London News, 9 de octubre de 1909).

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