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Nota: 'Un crítico nunca lee como un niño' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 12 de marzo de 2011

Un crítico nunca lee como un niño


Para explicar más extensamente por qué había escrito que «una obra de arte nunca es demasiado corta y una historia nunca es demasiado larga», decía Chesterton que, como crítico, no disfrutaba de las novelas igual que cuando era un niño, sino que apreciaba en ellas otras cosas. Cuando era un niño no le gustaba la precipitación sino que gozaba con el retraso, pues los niños lamentan comer el pastel y les gustaría tenerlo siempre. Cuando era un lector primerizo sus novelistas favoritos eran, y siguieron siendo, los grandes novelistas del XIX que dan más impresión de vida y variedad, como Scott, Dickens o Thackeray.

Más adelante desarrolló una simpatía tan intensa, o incluso más intensa, hacia otros escritores posteriores que tenían la gran habilidad de acertar con la palabra justa, como Stevenson, o que poseían una ironía insurgente, como Belloc. Pero Stevenson, decía, tiene un fallo como novelista: que debe ser leído rápido; y algunas novelas de Belloc no sólo deben ser leídas con rapidez sino también intensamente; en ambos casos el talante del autor y del lector es heroico y anormal, como el de dos hombres combatiendo en un duelo. Sin embargo, Scott, Thackeray y Dickens tenían el misterioso toque o talento de la novela inacabable. Incluso cuando llegamos al final de una de sus historias, seguía Chesterton, de algún modo sentimos que son interminables: «alguna gente dice que ha leído Pickwick cinco veces o cincuenta veces o quinientas veces. Por mi parte, sólo he leído Pickwick una vez, pero desde entonces he vivido en Pickwick y he ido a Pickwick como un hombre acude a su club, y cada vez que lo he hecho he encontrado algo nuevo. No estoy seguro de que escritores modernos rigurosos como Stevenson o Belloc no sufran realmente de la severidad y rapidez de su arte. Si un libro es un libro para vivir en él, debería ser (igual que una casa en la que vivimos) un poco desarreglada». («Fiction as Food», The Spice of Life)

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