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sábado, 16 de abril de 2011

Magia buena y magia mala (1)


Chesterton
:
«Deberíamos darnos cuenta de una curiosa diferencia que el instinto de las leyendas populares ha conservado en casi todos los casos. Los trabajos maravillosos hechos por la gente buena, santos y amigos de los hombres, son casi siempre representados en la forma de restaurar las cosas o las personas a sus formas propias. San Nicolás, el santo patrón de los niños, encuentra una olla hirviendo en la que dos niños han sido reducidos a una especie de guiso irlandés. Él los devuelve milagrosamente a la vida, porque deberían ser niños y no estofado irlandés. Pero no los convierte en ángeles, y no puedo recordar ningún caso en toda la hagiografía de una promoción semejante. Si una mujer era ciega, los hacedores de maravillas le devolvían sus ojos; si un hombre estaba inmóvil, le devolvían su pierna. Pero no le dijeron al hombre, creo yo, “eres tan bueno que deberías ser una mujer”; o a la mujer: “estás tan aburrida que ya es hora de que tengas unas vacaciones como hombre”. No digo que no haya excepciones, pero ese es el tono general de los cuentos acerca de la magia buena.

Por otro lado, los cuentos populares acerca de la magia mala están especialmente llenos de la idea de que el mal altera y destruye la personalidad. La bruja negra convierte a un niño en un gato o un perro; el mago malo convierte al príncipe en un loro, o a la princesa en una cierva; en los jardines de los espíritus malvados los seres humanos son congelados como estatuas o atados a la tierra como árboles. En esta literatura instintiva la negación de la identidad es la verdadera marca de Satán. En este sentido es verdad que el verdadero Dios es el Dios de las cosas tal como son, o, al menos, tal como están destinadas a ser». («Wishes», The Uses of Diversity)

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