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domingo, 21 de agosto de 2011

Caramelos en vez de canicas


Un ejemplo de los que prueban que algunas emociones nos hacen conocer mejor las cosas.

Según Jean Piaget «los bebés no desarrollan ningún tipo de sentido de los números hasta los cuatro o cinco años de edad. Piaget puso de relieve que, antes de esa edad, los niños hacen mal el “test de conservación de números”. En ese test, se enseñan a los niños dos hileras, una de seis vasos y otra de seis botellas. Los objetos de cada hilera guardan la misma distancia entre sí, teniendo ambas la misma longitud. Se pregunta a niños de tres años qué hilera contiene más objetos, y casi todos responden que son iguales. A continuación, si extendemos la fila de vasos de modo que quede un espacio mayor entre cada dos vasos y hacemos la misma pregunta, la mayor parte de los niños dirán que en esta hilera hay más objetos. Así que, por lo visto, los niños de tres años creen que el número depende de lo grande que parezca algo. Según Piaget, esto demuestra que los niños no “conservan” el número». Pero muchas investigaciones posteriores «han demostrado que la idea de que los niños pequeños carecen de un concepto del número es simplemente errónea. El problema de los tests de Piaget es que a menudo pasan por alto aquello de lo que los niños son realmente capaces. (…) Usando una ingeniosa versión renovada del experimento de conservación de Piaget descrito antes, en la década de 1960 los psicólogos cognitivos Jacques Mehler y Tom Bever, en Boston por entonces, demostraron que los niños de tres años pueden “conservar” implícitamente el número. Pusieron de relieve que, en ciertas situaciones experimentales, es posible llegar a los mismos resultados que obtiene Piaget: los niños de incluso cuatro años responden a menudo que las hileras más largas contienen más canicas que las más cortas, aunque en estas últimas haya realmente más canicas que en las otras. No obstante, si las canicas son sustituidas por caramelos (…) y no se requiere ninguna respuesta verbal —se dice a los niños que escojan cuál de las dos filas quieren comerse— ya a los dos años los niños optan por la hilera con más caramelos (…) sin importarles su longitud. Así pues, evidentemente los niños sí tienen un cierto concepto del número a una edad mucho más temprana que la sugerida por Piaget».

Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith. Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación (The learning brain, 2008), Barcelona: Ariel, 2008, 3ª impr.; 301 pp.; trad. de Joan Soler; prólogo de José Antonio Marina; ISBN: 978-84-344-5305-0.

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