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sábado, 27 de agosto de 2011

Cómo confundir a los enemigos


Entre los años 1911 y 1916 hubo unos meses en los que Chesterton estuvo muy enfermo: con la excepción de algunas ausencias por viajes al extranjero, fueron los únicos, a lo largo de 30 años, en los que se interrumpió su colaboración semanal con el The Illustrated London News.

Al principio de esa época sus artículos trataban casi sobre cualquier tema pero, al reanudar sus colaboraciones después de su enfermedad, prácticamente todos tienen que ver con la primera guerra mundial: sus obsesiones eran combatir las ideas de los propagandistas alemanes, explicar el origen y las consecuencias de sus ideas acerca de la superioridad racial alemana, y señalar las deficiencias argumentativas de los pacifistas de la época. Hay que señalar que si, ahora, cuando leemos a Chesterton, se ven como proféticas muchas de sus advertencias acerca del peligro que supondrían los nazis, su capacidad de ver el futuro no fue tan clara en vísperas de la primera Guerra Mundial: «en cuanto a mi opinión sobre la materia, yo pienso que no habrá guerra, pues me parece que Alemania ha empezado a dudar de su propia fortaleza» (16 de noviembre de 1912).

Chesterton señala su simpatía con los revolucionarios de tipo social: indica que tiene la «vaga pero fuerte impresión de que si yo fuera ruso sería un revolucionario ruso» (14 de octubre de 1911); que no teme que le llamen conservador porque «es la única cosa que ciertamente no soy» (6 de julio de 1912); que fue socialista en su juventud pero que no lo es ya porque el socialismo actual «es demasiado Tory para mi gusto» (15 de junio de 1912).

Su ironía y buen humor asoman continuamente. En una ocasión, después de un párrafo muy articulado, pone un paréntesis para, dirigiéndose al lector, decirle que, en fin, «esta frase es más bien larga y muy retorcida, pero entonces simplemente piensa en alguna de las de Ruskin» (18 de noviembre de 1911). Otra vez, dejándose llevar por su estilo argumentativo, intenta ejemplificar que «si tu cuelgas a un hombre...», y abre un paréntesis para señalar que, bueno, «(no supongo que lo hagas a menudo, pero este periódico llega a gente de todas las profesiones)» (1 de febrero de 1913). O, un día que menciona cartas que recibía en las que veía que no había sido comprendido bien, señala: «un día tomaré vacaciones y escribiré un libro lleno de opiniones que no sostengo. Así el mundo verá lo que es una paradoja y mis enemigos quedarán confundidos» (10 de mayo de 1913).

G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXIX, The Illustrated London News 1911-1913. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 616 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-172-4.
G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXX, The Illustrated London News 1914-1916. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 578 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-197-X.

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