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Nota: 'Maniatar con la libertad' :: bienvenidosalafiesta ::    
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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Maniatar con la libertad


En su momento leí La interminable historia de Nory, de Nicholson Baker, un libro singular e inteligente.

Ahora he leído El antólogo, otro libro más que curioso del autor que puede gustar mucho (o nada) a los entusiastas de la poesía y que, me parece, atraerá poco a lectores de otro tipo. En él hay dos comentarios de interés acerca de la enseñanza de la poesía a los niños. Ambos aparecen cuando el narrador habla de que tuvo una maestra que les explicó con entusiasmo los haikus y que les decía que la poesía «no tiene que rimar».

A propósito de lo primero dice: «incluso entonces comprendí que [todo lo que nos decía de los haikus] era cuento. Niños, este es un tipo de poesía que tiene un sentido perfecto, vibrante en japonés, pero que carece por completo de sentido en inglés. Eso es lo que nos tendría que haber dicho. Esa forma está completamente inadaptada a la lengua inglesa. (…) ¿Siete sílabas, once sílabas, cinco sílabas? Venga, hombre. ¿Cómo funciona de hecho la poesía inglesa? No funciona así. Yo no sé japonés, pero el haikú en japonés tenía todo tipo de interesantes cristales salados de impurezas que desaparecen en la traducción».

Y en relación a lo de que la poesía «no tiene que rimar», comenta: «¿Qué es lo que verdaderamente quería decir con aquello de “No tiene que rimar”? ¿Quería decir que podía rimar pero no tenía por qué hacerlo? No. Lo que quería decir es No riméis. Lo que quería decir es Voy a maniatar vuestros pobres cerebros maleables con la libertad. Voy a insistir en que debéis ser libres. Y escribió “VERSO LIBRE” en la pizarra.
Y allí estaba yo, sentado en mi silla de suavísimas ruedas, y pensé, ¿Qué quiere decir con lo de que no tiene que rimar¿ ¡Claro que tiene que rimar! Tiene que rimar porque la rima es poesía. ¿Dónde estaba sentada la Señorita Isabel? Estaba sentada en un cojín? ¿Estaba sentada en un canapé? No, estaba sentada en un escabel. Y si no es rima no es más que guano. Por aquel entonces guano era una de mis palabras favoritas, me la había enseñado Tintín».

Nicholson Baker. El antólogo (The Anthologist, 2009). Barcelona: Duomo ediciones, 2010; 228 pp.; trad. de Ramón García; ISBN 13: 978-84-92723-51-5.

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