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jueves, 10 de noviembre de 2011

Complejidad constructiva


Incarceron
y Sáfico, de Catherine Fisher, son dos largas novelas de ciencia-ficción y fantasía que vienen a ser un cuento de hadas sofisticado. Esto se ve si se cuenta el argumento así: en la primera parte, una reina malvada con poderes extraordinarios ha encantado al anterior príncipe heredero y lo ha enviado a una extraña prisión, pero Claudia, la hija del misterioso y poderoso guardián de la prisión, cuya boda está concertada con el hijo impresentable de la reina, tiene recuerdos del príncipe de cuando eran niños y jugaban juntos; en la segunda parte, ha regresado el príncipe pero no recuerda las cosas, y entonces aparece otro príncipe que sí lo recuerda todo y que reclama una confrontación para que unos jueces imparciales decidan quién es el heredero destinado a casarse con Claudia. La ciencia-ficción está en que la Prisión es un mundo incomunicado del Exterior, un mundo que se rige por el Protocolo: aunque los avances tecnológicos son muchos, estos sólo están al alcance de los privilegiados y toda la gente ha de comportarse como si vivieran siglos atrás.

Son novelas bien escritas y originales (al menos de acuerdo con mis lecturas de este tipo, poquísimas para las que se publican). Tienen momentos intensos, como el comienzo de Incarceron o una especie de representación teatral en Sáfico, y es de agradecer que no haya más descripciones imaginativas que las justas para el desarrollo de la acción. Están construidas con habilidad, pero con una complejidad que, al menos a mí, siempre me hace pensar en que el autor no acaba de confiar en atraer al lector con un relato básicamente lineal: se alterna lo que ocurre en la Prisión con lo que pasa en el Exterior y los contactos entre ambos mundos son escasos y se dan al final de cada relato; cada capítulo tiene un texto enigmático al comienzo; a veces hay alternancias de puntos de vista que añaden misterio, sí, pero desconciertan.

Los personajes, al menos para un lector como yo, resultan fríos: esto es lógico en una historia tan asombrosa, donde si no te crees el entorno difícilmente te crees las emociones de nadie. No encuentro mucho sentido a que la cárcel, como tal, cobre vida y sea un personaje más; el fundamental Sáfico resulta demasiado misterioso y sigue siéndolo incluso al terminar la novela; otros secundarios son sólo como postes donde atar los hilos. Luego, aunque mi lectura del segundo libro ha sido bastante rápida, me ha parecido que han quedado cabos sueltos o, al menos, que como no todo se resuelve de forma completa, las explicaciones que se dan no dejarán satisfechos a muchos lectores. Conclusión: tienen más nivel que otras novelas semejantes pero piden demasiado tiempo de lectura para lo que dan a cambio y no, no creo que planteen ninguna reflexión (seria) sobre si «a lo mejor la Cárcel está dentro de nosotros» o sobre la diferencia ente huir y ser libre, y cosas así.

Catherine Fisher. Incarceron (2007). Barcelona: Molino, 2010; 510 pp.; trad. de Ana Mata Buil; ISBN: 978-84-272-0047-0.
Catherine Fisher. Sáfico (Sapphique, 2008). Barcelona: Molino, 2011; 523 pp.; trad. de Ana Mata Buil; ISBN: 978-84-2720-071-5.

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