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sábado, 4 de febrero de 2012

Máxima efectividad


Dice Chesterton que, sin duda, es cierto que a las novelas de Dickens les falta unidad de construcción, pues es como si estuvieran compuestas a retazos, pero, a cambio, tienen una unidad de tono y de atmósfera: como la unidad de color de un cuadro. Así, si Nicholas Nickleby tiene la frescura que corresponde a un protagonista joven que se pasa la vida en las carreteras y en la calle, y si la historia central de Oliver Twist es sombría, Almacén de antigüedades tiene un aire siniestro e incluso su principal malvado, Quilp, es tan grotesco como una gárgola.

La protagonista es Nell Trent, una chica de catorce años, que vive con su abuelo en Londres en una tienda de antigüedades. Lleva una existencia solitaria con casi ningún amigo de su edad, salvo Kit, un chico joven y honrado, empleado de la tienda, al que Nell está enseñando a escribir. Su abuelo quiere ganar dinero para ella y, con ese fin, tiene la feliz idea de dedicarse al juego. Pero su suerte es escasa e interviene Daniel Quilp, un prestamista deforme que, cuando el abuelo pierde lo último que le quedaba, decide hacerse con la tienda de antigüedades y echar a Nell y a su abuelo.

La muerte de Nell con la que termina la novela atrajo sobre Dickens fuertes acusaciones de sentimentalismo. Pero, indica Chesterton, esa es una crítica injusta: hay una gran diferencia entre un autor que piensa en las lágrimas de sus personajes y un autor que piensa en las lágrimas de su audiencia o, dicho de otra manera, a lo que hay que poner pegas no es a la muerte sino a la vida de Nell. La diferencia se ve si nos fijamos en la muerte de otro niño en Dombey e hijo, la del pequeño Paul Dombey: en ese caso sí que Dickens merece el reproche de recurrir a un sentimentalismo barato.

Sea como sea, los héroes reales de Almacén de Antiguedades no son los que ocupan el primer plano sino el tarambana Dick Swiveller y la pequeña criada la Marquesa, pues son dos seres humanos sanos y vivos que viven una historia de amor que puede calificarse de sólidamente romántica. Ellos ejemplifican bien que la efectividad de Dickens es máxima no cuando predica la caridad seriamente, sino cuando la presenta como ruidosamente y sin pretenderlo, por medio de personalidades contundentes y escenas vívidas. Se puede afirmar que si en sus páginas más serias nos dice que amenos a los hombres, en sus páginas más locas crea hombres a quienes podemos amar; que si con su solemnidad nos manda que amemos a nuestros vecinos, con sus caricaturas hace que los amemos.

Charles Dickens. The Old Curiosity Shop (1840-1841). Edición española, titulada Almacén de antigüedades, en Madrid: Promoción y Ediciones, 1983; 223 pp.; col. Grandes Genios de la Literatura Universal; prólogo de Reginald Francis Brown; ISBN: 84-7461-201-2. Otra edición, titulada La tienda de antigüedades, está en Madrid: Nocturna Ediciones, 2011; 782 pp.; col. Noches blancas; trad. de Bernardo Moreno; ISBN: 978-84-938013-7-3; nueva edición en 2017; 863 pp.; ISBN: 978-8416858026. [Vista del libro en amazon.es]

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