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sábado, 11 de febrero de 2012

La felicidad y la Navidad


En un comentario a varios relatos navideños de Dickens, como Canción de Navidad, Las campanadas o El Grillo del Hogar, dice Chesterton que el mejor de todos es Canción de Navidad, un caso en el que se puede afirmar que han coincidido la mayor calidad y la mayor popularidad. Y al preguntarse por qué Dickens ha quedado asociado a la Navidad cuando, según su mentalidad, en principio podríamos pensar que calificaría de la Navidad de antigua superstición llamada a desaparecer, Chesterton da, entre otras razones, la de que Dickens dedicó su genio, de modo especial, a la descripción de la felicidad, y hay tres cualidades de la Navidad que lo son también de la felicidad humana, cualidades que con frecuencia ignoran u olvidan los paganos y los amantes de las utopías.

La primera es la cualidad dramática: la felicidad no es un estado sino una crisis, la felicidad está en una vigilia con un límite definido en la que la hora llega o no llega, y el ejemplo más claro es el nacimiento de un niño. El segundo elemento es el invierno: no como factor de contraste simplemente sino de antagonismo, pues toda comodidad está basada en la incomodidad, por algo quienes pusieron en marcha las antiguas fiestas invernales no se plantearon ponerlas en los momentos más soleados del año. El tercer elemento es el grotesco: si la poesía pastoril intentó hablar de la felicidad con figuras y ambientes maravillosos, Dickens entendió que como mejor se representa es con figuras feas pues hay algo misteriosamente asociado con la felicidad en, por ejemplo, la corpulencia de Falstaff (personaje de Shakespeare) o de Tony Weller (Los papeles de Pickwick), e incluso en la nariz roja de Bardolph (también un personaje de Shakespeare) o de Mr. Stiggins (también de Los Papeles de Pickwick).

Pues bien, Canción de Navidad es una historia feliz porque describe un cambio abrupto y dramático, en el que no sólo se narra una conversión sino una conversión repentina. Debe mucho de su tensión y de su hilaridad al hecho de que sea un cuento tan invernal. Y ejemplifica bien la relación tan estrecha que hay entre lo alegre y lo grotesco: es un relato en el que todo el mundo es feliz y nadie se presenta embellecido, hasta el punto de que incluso el pavo que Scrooge compró era tan gordo, dice Dickens, que no podía sostenerse de pie.

Charles Dickens. A Christmas Carol (1843); aquí menciono varias ediciones de este libro; The Chimes (1844); The Cricket in the Hearth (1845). Los tres están en una edición titulada Cuentos de Navidad (Christmas Books; edición que contiene: Canción de Navidad, Las Campanadas, El grillo del hogar, La batalla de la vida, El hechizado o El trato que hizo el fantasma, 1843-1848). Barcelona: Edhasa, 2007; 467 pp.; col. Los libros del tesoro; con 65 ilustraciones de John Leech, Daniel Maclise, Richard Doyle, Clarkson Stanfield, Edwin Landseer, John Tenniel y Frank Stone; trad. de Gregorio Cantera; ISBN: 978-84-350-4015-0.

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