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sábado, 12 de mayo de 2012

Un genio y un hombre


En Appreciations and Criticisms of the works of Charles Dickens se recogen prólogos de Chesterton a estas obras: Sketches by Boz, Pickwick Papers, Nicholas Nickleby, Oliver Twist, Old Curiosity Shop, Barnaby Rudge, American Notes, Pictures from Italy, Martin Chuzzlewit, Christmas Books, Dombey and Son, David Copperfield, Christmas Stories, Bleak House, Child’s History of England, Hard Times, Little Dorrit, A Tale of Two Cities, Great Expectations, Our Mutual Friend, Edwin Drodd, Master Humprhey’s Clock y Reprinted Pieces.

Anteriormente a este libro, Chesterton había publicado ya una biografía sobre Dickens, por lo que los comentarios que hace aquí a sus obras no son extensos y normalmente se centran en algún o algunos aspectos que le interesa resaltar. Así consigue su objetivo de poner a Dickens en perspectiva: cuál es su estatura en comparación con sus contemporáneos; cuáles son los méritos y cuáles los fallos de sus relatos, tanto los literarios como los que se refieren a sus apreciaciones humanas o históricas; qué personajes están conseguidos y cuáles no; qué críticas sociales o históricas son justas y cuáles están algo desenfocadas.

En la introducción, Chesterton dice que las novelas de Dickens pueden ser leídas en cualquier orden. Es más, que cualquier orden de capítulos también sirve, pues cada parte es tan divertida y está tan viva que las novelas se pueden leer hacia atrás: «esto no es caos, es eternidad». Pero, al mismo tiempo, es cierto que para comprender mejor algunas obras, es útil saber cuáles van primero y cuáles van después. Un ejemplo es el de que, después de que se le reprochara el haber pintado de forma tan oscura al judío Fagin en Oliver Twist, se sintió obligado a ser más justo con los judíos y a presentar personajes amables: el viejo Aaron de Nuestro común amigo no es que sea una exageración de las virtudes judías, sino que no es un personaje terrenal y, como muchas peticiones públicas de perdón, no suena muy convincente.

Chesterton subraya que Dickens hizo notar los cambios sociales y el núcleo de algunos acontecimientos históricos de forma instintiva, mucho mejor que los muy educados, que novelistas como Thackeray o historiadores como Carlyle. Subraya también que Dickens siempre vio a sus personajes, en especial a sus personajes de baja condición social, como personas, individualmente, y nunca se le ocurrió escribir novelas de tipo sociológico. E indica que sus teorías fueron menos importantes que sus creaciones, porque era un genio, aunque el pensara que sus teorías eran más importantes, porque era un hombre.

G. K. Chesterton. Appreciations and Criticisms of the works of Charles Dickens (1911).

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