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jueves, 24 de mayo de 2012

La moda de las «distopías» (1)


Cuando los libros de Harry Potter triunfaron, en las novelas juveniles proliferaron los jóvenes magos adolescentes; cuando lo hicieron Crepúsculo y sus secuelas, las ficciones se llenaron de vampiros, hombres-lobo y demás híbridos con problemas amorosos; ahora que Los juegos del hambre ha impuesto una nueva moda, le toca el turno a las series a caballo entre la fantasía y la ciencia-ficción que han dado en llamarse «distópicas», es decir, ambientadas en futuros difíciles y conflictivos.

Un ejemplo es el libro primero de una nueva serie: Después de la nieve, de S. D. Crockett, que se sitúa el año 2059, en la sexta edad del hielo y en un mundo controlado por un poder dictatorial. El confuso narrador, un chico de 15 años llamado Willo, comienza su relato haciéndonos saber que su familia, que no está en casa cuando él ha vuelto de caza, vivían en las montañas al margen del mundo controlado por el gobierno. Al ponerse a buscarlos, encuentra una chica de 13 años, Mary, que se marcha con él. Después, terminan entrando en una ciudad escondidos en un camión de transporte. Allí un tipo descubre que Willo sabe coser pieles con gran destreza, por lo que le ofrece trabajo y eso facilita que, poco a poco, tanto él como el lector vayan comprendiendo el mundo que le rodea y descubriendo cosas del pasado y del padre de Willo.

En cierto sentido es un notable debut novelístico: el relato en sí mismo, sobre todo al comienzo, tiene originalidad y fuerza. En otro sentido, es pronto para decir si es un notable debut literario: por supuesto, no es, como la promoción indica ridículamente, un «clásico moderno» y, además, no es posible saber mucho de la destreza de un autor cuando la voz narrativa es la de un chico ignorante que habla muy raro. Además, no facilitan la lectura sus diálogos extraños con una calavera de perro que lleva colgada y que cumple una función como de voz de la conciencia o de diosecillo particular. En la segunda parte, cuando Willo está en la ciudad —que no nos sorprende que tenga un aire Blade Runner—, el tono va cambiando y se producen descubrimientos y coincidencias que colocan a Willo en medio de la revuelta que parece avecinarse.

Sorprende que la novela plantee, sin anestesia, un mundo futuro dominado por los chinos: cuando llegó el cambio de clima, dice, «fueron los chinos quienes construyeron reactores nucleares mientras nosotros levantábamos parques eólicos y paneles solares»… Está bien, al menos para mi gusto, que los renegados deseen un mundo en el que, afirma el líder, «la gente tiene que volver a hacer las cosas con sus propias manos y a pensar por sí misma». Pero, y ojalá me confunda, el argumento de la segunda mitad de la novela me pareció algo deshilachado, ya con lugares comunes, y poco prometedor para el futuro. Veremos.

S. D. Crockett. Después de la nieve (After the Snow, 2012). Madrid: MacMillan, 2012; 296 pp.; trad. de Jaime Valero; ISBN: 978-84-1543-008-7.

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