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jueves, 21 de junio de 2012

La moda de las «distopías» (3)


El corredor del laberinto
y Las pruebas, de James Dashner, son las dos primeras novelas de una trilogía de ciencia-ficción.

En la primera un chico de dieciséis años llamado Thomas aparece, sin recordar nada de su pasado, en el Claro, un lugar rodeado por muros donde viven unas decenas de chicos que, como él, llegaron tiempo atrás, uno al mes, en sus mismas condiciones. Tom ve que cada uno tiene allí un trabajo adaptado a sus condiciones y que, algunos, los corredores, entran cada día en el Laberinto, un lugar fuera del Claro que cambia continuamente, para intentar hacer un mapa que les permita saber cómo escapar. Es un lugar peligroso pues allí han de hacer frente a los Laceradores, una especie de robots de lo más dañinos. Pero, poco después de la llegada de Tom, llega una chica, Teresa, y todo cambia. Se ve que, detrás de todo, está una organización que se llama a sí misma CRUEL (WICKED).

En la segunda novela, los supervivientes están en un escenario diferente. Si el Laberinto era la Fase 1 de una serie de pruebas que debían superar, ahora comienzan la Fase 2: han de viajar hasta un lugar donde, supuestamente, recibirán la cura para una enfermedad, el Destello, que está asolando el mundo y que termina volviendo locos a quienes la contraen. Mientras atraviesan unos parajes devastados y abrasadores Tom y sus amigos averiguan que, igual que les ocurrió a ellos, hubo un grupo de chicas, con un chico, que tuvieron que hacer frente a sus mismas pruebas y que también viajan hacia el mismo lugar. Hay encuentros con seres muy raros y traiciones inesperadas.

Novelas donde todo está en manos del poder fabulador del autor y en su capacidad de imaginar nuevos giros y situaciones pues, se podría decir, nada de lo que sucede se deriva de lo anterior. La primera es intrigante y la segunda tiene tramos que parecen de película de zombies. El hecho de que los protagonistas sean chicos sin memoria que han tenido que crearse un lenguaje más o menos propio propicia que usen palabras extrañas cuya traducción castellana suena rara. La evolución de algunos personajes es poco creíble pero el hecho de que todos estén más o menos controlados a distancia significa que pueden hacer cualquier cosa completamente distinta a lo esperado.

La narración es buena aunque no falten frases enfáticas poco acertadas. Como suele pasar, las peleas de los héroes con criaturas robóticas intimidantes parecen imaginadas para ser filmadas y no para ser contadas por escrito. La acción no tiene respiro y el humor es escaso. Se suceden las situaciones límite y, por eso, los comentarios acerca de las emociones de los protagonistas no son nada convincentes. La violencia es mucha pero, frente a novelas recientes del género, a falta de ver qué ocurre en la tercera entrega, las reflexiones morales del protagonista parecen ir en una dirección correcta: mientras sus compañeros se dejan llevar, más o menos, y aceptan la explicación de que han de seguir luchando para sobrevivir pues más adelante lo comprenderán todo, él no ve nada claro que se puedan realizar experimentos de ninguna clase con seres humanos.

James Dashner. El corredor del laberinto (The Maze Runner, 2009). Madrid: Nocturna, 2010; 524 pp.; trad. de Noemí Risco Mateo; ISBN: 978-84-938013-1-1.
James Dashner. Las pruebas (The Scorch Trials, 2010). Madrid: Nocturna, 2011; 490 pp.; trad. de Noemí Risco Mateo; ISBN: 978-84-939200-0-5.

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