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viernes, 22 de junio de 2012

La moda de las «distopías» (4)


Una vez mencionadas algunas novelas juveniles distópicas, puede venir bien echar una mirada hacia atrás.

El rasgo argumental más característico de Los juegos del hambre es el de ser un concurso televisivo, seguido con pasión por la gente, donde los protagonistas jóvenes compiten hasta la muerte. No pocos comentaristas han hecho notar que ya Stephen King basó dos novelas suyas antiguas —de las que publicó con el seudónimo de Richard Bachman— en lo mismo: La Larga Marcha y El fugitivo. Ambas tienen lugar en un mundo futuro dictatorial donde la televisión es un instrumento de control. En la primera no se indica el año y la segunda tiene lugar en 2025. Como suele suceder con las novelas de ciencia-ficción del pasado, se comprueba pronto que los avances técnicos que se imaginaron entonces han sido muy distintos de los que luego se han producido.

La Larga Marcha es una competición televisada para todo el país. En ella cien chicos han de andar hacia el sur ininterrumpidamente, comenzando en el norte de Maine, a una velocidad mínima de 6,5 km por hora. Pueden recibir hasta tres avisos si bajan el ritmo, y cada aviso se puede borrar si luego se camina una hora sin recibir un nuevo aviso, pero, al cuarto, los soldados que acompañan la marcha matan al concursante. Gana el que sobrevive. La narración se centra en Ray Garraty y en los conocidos que hace durante la marcha, cuyo pasado y motivos para estar allí, van desgranándose. Cada capítulo tiene una cita introductoria tomada de concursos televisivos o de competiciones deportivas reales.

El fugitivo es Ben Richards, un hombre desesperado por la enfermedad que sufre su hija pequeña —consecuencia de que la tierra sufre unos graves problemas de contaminación—, que se presenta voluntario para uno de los muchos concursos televisivos que hay. Es elegido para el concurso más dramático, el que sigue todo el país, en el cual ha de ponerse a huir mientras es perseguido a muerte por un equipo de especialistas y puede ser denunciado por cualquiera que le reconozca. Recibirá 100 dólares por cada hora que logre sobrevivir y mil millones si sobrevive durante un mes. Pero, hasta el momento, ningún participante ha vivido más de ocho días.

La Larga Marcha, la primera novela escrita por King aunque no fue la primera que publicó, da idea de su ímpetu narrativo. En ella, las formas de hablar y algunas situaciones son burdas, pero no tanto como en El fugitivo, donde, quien más quien menos, tiene siempre una revista de perversiones entre las manos, cosa que contrasta con el comportamiento fiel del héroe hacia su mujer. Es mejor novela la primera y es un thriller cinematográfico de persecución la segunda. Ambas están bien estructuradas para ir aumentando la tensión y en las dos van aclarándose los pasados de los héroes al hilo de los sucesos que van ocurriendo.

No son novelas que yo recomendaría —aunque sí serían buenos ejemplos para mostrar por qué King tiene tanta fuerza y tanto éxito— pues abusan de lo morboso innecesariamente, pero, en mi opinión, son novelas muchísimo mejores que las recientes Los juegos del hambre o Divergente. Las razones están, aparte de que sean anteriores y más originales, en la honradez del planteamiento. Por un lado, King nunca dijo ni pretendió que sus relatos fueran para jóvenes aunque sean chavales los protagonistas de La Larga Marcha. Por otro, lleva sus novelas al desenlace que deben tener: devastador en un caso y hollywodiense en el otro, pero sin pretender alentar falsas esperanzas en ninguno.

Además, las dos novelas reflejan bien que la canallez está también en los participantes y en los espectadores: «La razón de que esto sea tan terrible es precisamente su trivialidad, ¿comprendes? Hemos vendido nuestra alma por cuatro banalidades», dice un concursante de La Larga marcha, novela donde la Multitud adquiere por momentos categoría de protagonista. En fin, casi se podría sospechar, dada la inteligencia y la ironía reconocidas de King, que ha escrito sus historias para que sus propios lectores se vean en el espejo.

Stephen King. La larga marcha (The Long Walk, 1979). Barcelona: Plaza & Janés, 1998; 350 pp.; trad. de Hernán Sabaté; ISBN: 84-402-2363-3. Otra edición en Barcelona: Debolsillo, 2008, 4ª ed.; 349 pp.; ISBN: 978-84-9793-001-7.
Stephen King. El fugitivo (The Running Man,1982). Barcelona: Martínez Roca, 1986; 257 pp.; trad. de Hernán Sabaté; ISBN: 84-270-1031-1.

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