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jueves, 27 de septiembre de 2012

La moda de las «distopías» (6)


Delirium y Pandemonium, de Lauren Oliver, son dos novelas muy muy parecidas a las mencionadas de Ally Condie: se publicaron con pocos meses de diferencia y tienen hilos narrativos calcados, con una chica protagonista que también es corredora, que también descubre poesías clásicas prohibidas, y acaba en medio del triángulo amoroso habitual del subgénero.

Un Estados Unidos donde el amor se considera una enfermedad: delirium. Por esa razón, a los 17 o 18 años los jóvenes sufren una operación que les cura de esa enfermedad. Cuando le faltan 95 días para ese momento, Lena conoce a Alex, un chico que resulta ser un «inválido»: así se conoce a quienes no están curados y, al menos en principio, deberían vivir en la llamada Tierra Salvaje. Todo cambia y Lena empieza a cuestionarse la sociedad en la que vive.

En Pandemonium, que comienza cuando Lena piensa que Alex ha muerto, hay dos hilos narrativos con tipografías diferenes: Ahora y Entonces. En Entonces vemos a Lena viviendo en la Tierra Salvaje y preparándose para formar parte de la Resistencia. En Ahora la vemos en Nueva York, ya trabajando para la Resistencia y, en una operación, acaba tratándose con Julián Fineman, un chico que representa todo lo que combate pero del que se enamora.

La primera novela es muy lenta, pues casi toda ella se va en el autoanálisis de Lena, y la segunda novela es confusa, un verdadero pandemónium. El presupuesto básico del argumento —una operación en el cerebro para quitar las inclinaciones amorosas— rechina mucho. A las novelas les falta tirón porque no hay ningún oponente real salvo las estructuras sociales. Supongo que habrá lectores y lectoras encantados con los momentos supuestamente poéticos como, por ejemplo, cuando Lena mira a Alex y piensa esto: «En algún sitio, creo, posee un núcleo. Ese núcleo brilla como un fragmento de carbón aplastado lentamente por el peso de toneladas de roca hasta convertirse en diamante».

Como es habitual, la narración es en presente, un recurso que suena falso y resulta cargante. La idea del narrador que mira, reflexiona y nos lo cuenta, tiene sentido cuando la insignificancia de los detalles es precisamente lo significativo. La mala literatura, sin embargo, se caracteriza porque el lector percibe, a cada paso, que no hay nada significativo en lo que se le cuenta, que se acumulan detalles superfluos uno tras otro. Esto suele ocurrirles a los escritores que han visto muchas películas y multiplican hasta el infinito informaciones auditivas o visuales como la de que suenan los «tacones en el linóleo» y que «el corredor tiene una claridad cegadora»: ¿y? Para esto es mejor no recomendar libros sino, directamente, películas.

Lauren Oliver. Delirium (2011). Madrid: SM, 2011; 445 pp.; trad. de Carmen Valle; ISBN: 978-84-675-4733-7.
Lauren Oliver. Pandemonium (2012). Madrid: SM, 2012; 379 pp.; trad. de Carmen Valle; ISBN: 978-84-675-5318-5.

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