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viernes, 12 de octubre de 2012

Una mirada perspicaz


Mañana nunca lo hablamos, de Eduardo Halfón, son escenas de niñez del autor, un chico guatemalteco de familia muy acomodada y muy cosmopolita, que se desarrollan a finales de los años setenta y principios de los ochenta, y todas ellas antes de que cumpla diez años. Aunque queda claro que la redacción es posterior, el narrador intenta recuperar la visión del niño que va descubriendo el mundo propio de los adultos y las vidas, tan distintas a la suya, que llevan otras personas. Hay momentos de sufrimiento y dolor, que tienen intensidad, y otros de vida social o familiar, que también atraen y, en algunos casos, sorprenden o inquietan. Los textos tienen gran altura literaria y el sabor de unos localismos que, al menos a mis oídos, suenan siempre bien: así, de un profesor perspicaz con un parche se dice que «sonreía puro pirata»; de un mandato de la madre se afirma que tenía un tono «macheteado, final, no negociable». Aquí está una reseña más extensa.

Eduardo Halfón. Mañana nunca lo hablamos (2011). Valencia: Pre-Textos, 2011; 138 pp.; col. Narrativa contemporánea; ISBN: 978-84-15297-23-9.

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