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viernes, 19 de octubre de 2012

Distopías reales


Después de mencionar algunas distopías juveniles imaginarias las pasadas semanas, una instructiva lectura que habla de distopías reales: La silenciosa conquista china, un extenso reportaje con muchos datos y cifras, firmado por dos periodistas españoles, Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, acerca de la expansión comercial de China y de su impacto en países africanos, hispanoamericanos y asiáticos, donde realizan grandes inversiones.

Los autores señalan cómo todo se basa en la capacidad de sacrificio sin límites del pueblo chino y también apuntan que «sería injusto, desde luego, minimizar la importancia del impacto positivo que, directa o indirectamente, [la inversión de capital chino] proyecta sobre millones de personas. Pensemos, si no, en los miles de empleos generados, en los flujos financieros que generan las compras chinas de materias primas a largo plazo, en tantas infrastructuras construidas, en los productos baratos de la fábrica del mundo que poblaciones de bajos ingresos pueden permitirse, en las inversiones millonarias, en las ayudas y cooperación».

Pero, al mismo tiempo, subrayan que, «además de otros factores negativos que también acompañan a su expansión global —como la corrupción, la apatía por el respeto de los derechos humanos o el impacto medioambiental—, todo lo bueno que China pueda estar haciendo queda sin duda eclipsado por la forma en que aborda la cuestión laboral». Al respecto, los datos avalan que muchas empresas chinas practican un colonialismo salvaje que incluso haría deseable volver a explotaciones anteriores (véase la comparación entre las formas de actuar de la empresa estadounidense Marcona Mining Company, en San Juan de Marcona, Perú, y la actual empresa china Shougang, pp. 107 a 114).

Además, el libro es instructivo más allá de que deje de manifiesto los desastres sociales propiciados por algunas empresas chinas y de que haga notar el aparente avance hacia un orden mundial bajo control chino. Lo es porque hace pensar en que, como los estados occidentales se basan en el mismo presupuesto de los negocios chinos, el de que el fin justifica los medios, y temen perder unas inversiones que aseguran el bienestar (de algunos), acaban siendo cómplices de flagrantes violaciones de derechos humanos.

Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo. La silenciosa conquista china (2011). Barcelona: Crítica, 2011; 325 pp.; col. Memoria Crítica; ISBN: 978-84-9892-257-8.

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