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viernes, 26 de octubre de 2012

¿Pereza oriental?


Vida de Dostoyevski por su hija, Aimée, es un libro desigual, con grandes defectos pero con jugosas aportaciones.

Los defectos proceden de que la autora tenía una fijación con las leyes de la herencia: es casi obsesiva su insistencia en la ascendencia lituana de su padre y en que las cualidades de su madre se debían a su origen sueco y a los antepasados normandos que vivían en su alma. De hecho, muy avanzada la obra, el traductor parece haberse visto forzado a poner una nota donde indica que la señorita Dostoyevski tiene algunas ideas curiosas al respecto y que sus conocimientos históricos son un tanto defectuosos. En general, la autora procura distanciarse del modo de ser que suele calificarse como ruso: por ejemplo, señala que la «admiración de la juventud rusa por los anarquistas, que tanto sorprende a Europa, se explica fácilmente por la pereza oriental de mis compatriotas. Es mucho más fácil poner una bomba y escapar al extranjero que estudiar y poner toda la vida al servicio de la patria, como es costumbre en los países más maduros y civilizados».

Sea como sea, tiene gracia, y da pistas, su falta de inhibiciones para pronunciarse sobre muchas personas: no tiene reparo en decir de alguien que es un verdadero usurero; o, de otro, un imbécil hazmerreír; o, de Turguenev, «un verdadero mongol, malo y vengativo». Además, contiene muchas informaciones valiosas sobre el modo de ser de su padre, sobre su comportamiento en la vida familiar, sobre la importancia de su madre y el papel que tuvo como editora de las obras de su marido —experiencias que transmitió también a la mujer de Tolstoi—, etc.

Es más que notable la forma en que se produjo la muerte de Dostoievski. La autora indica que su padre se dio cuenta que se encontraba muy mal y llamó a su familia. Luego, «como en todos los casos graves de su vida, recurrió al Evangelio. Rogó a su mujer que abriese al azar la vieja Biblia que había tenido en el presidio y que leyese las primeras líneas que cayesen bajo sus ojos. Ocultando sus lágrimas, mi madre leyó en alta voz: “Pero Iván se lo estorbó diciéndole: ¡Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por Ti y Tú vienes a mí! Y Jesús respondió diciéndole: No me detengas, pues así es como hemos de cumplir toda justicia”. Oyendo estas palabras de Jesús, mi padre reflexionó un momento y dijo enseguida a su mujer: “¿Has oído? ¡No me detengas! ¡Mi hora ha sonado; debo morir!”»...

Aimée Dostoyevski. Vida de Dostoyevski por su hija (Fyodor Dostoyevski. A Studi, 1923). Madrid: El buey mudo, 2011; 311 pp.; trad. de Humberto Pérez de la Ossa; ISBN: 978-84-938574-4-8.

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