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sábado, 17 de noviembre de 2012

El poder de la oralidad (2)


Walter Ong: «En una cultura oral primaria, donde la existencia de la palabra radica solo en el sonido, sin referencia alguna o cualquier texto visualmente perceptible y sin tener idea siquiera de que tal texto pueda existir, la fenomenología del sonido penetra profundamente en la experiencia que tienen los seres humanos de la existencia, como es procesada por la palabra hablada, pues la manera como se experimenta la palabra es siempre trascendental en la vida psíquica. (…) Sólo después de la imprenta y el extenso uso de los mapas que ésta puso en práctica, cuando los seres humanos piensan en el cosmos, el universo o el “mundo”, se imaginan fundamentalmente algo dispuesto ante sus ojos, como en un moderno atlas impreso, una vasta superficie o conjunto de superficies (la vista presenta superficies) lista para ser “explorada”».

Esto indica que «una organización verbal dominada por el sonido está en consonancia con tendencias acumulativas (armoniosas) antes que con inclinaciones analíticas y divisorias (las cuales llegarían con la palabra escrita, visualizada: la vista es un sentido que separa por partes). También está en consonancia con el holismo conservador (el presente homeostático que debe mantenerse intacto, las expresiones formularias que deben mantenerse intactas); con el pensamiento situacional (nuevamente holístico, con la acción humana en el centro) antes que [con] el pensamiento abstracto; con cierta organización humanística del saber acerca de las acciones de seres humanos y antropomórficos, personas interiorizadas, antes que acerca de cuestiones impersonales».

Es decir, que mientras «la vista aísla, el oído une. Mientras la vista sitúa al observador fuera de lo que está mirando, a distancia, el sonido envuelve al oyente. (…) Es posible sumergirse en el oído, en el sonido. No hay manera de sumergirse de igual modo en la vista. Por contraste con la vista (el sentido divisorio), el oído es, por tanto, un sentido unificador. Un ideal visual típico es la claridad y el carácter distintivo (…). El ideal auditivo, en cambio, es la armonía, el conjuntar». Todo esto hace pensar en la importancia que tienen, y en los rasgos que hacen tan atractivos y tan perdurables, los relatos orales: llegan tan hondo porque ningún otro sentido funciona de manera tan directa como el oído ni tiene una relación igual con la interioridad.

Walter J. Ong. Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra (Orality and Literacy. The Technologizing of the Word, 1982). México: Fondo de Cultura Econónica, 2004, 1ª ed., 6ª reimp.; 191 pp.; col. Sección de obras de lengua y estudios literarios; trad. de Angélica Scherp; ISBN: 968-16-2498-X.

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