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Nota: 'Atmósfera de bondad' :: bienvenidosalafiesta ::    
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martes, 23 de octubre de 2012

Atmósfera de bondad


En el origen de la literatura de fantasía que da un paso más allá de los cuentos de hadas populares está, en primer lugar, George MacDonald. Además de los libros que ya he reseñado, los más destacables, otros dos relatos infantiles populares son La princesa ligera y La llave de oro.

En el primero, la hermana del rey, una bruja rencorosa, lanza un hechizo a la princesa por el cual no le afecta la ley de la gravedad con lo que, al mínimo descuido, se eleva por el aire; y por el cual, además, siempre se ríe y no se toma nada en serio. Pasado el tiempo, como sólo le gusta disfrutar en el agua, la tía hechiza también el lago y el agua desaparece, con lo que la princesa pierde la alegría. Para devolvérsela, el príncipe que se ha enamorado de ella ha de ofrecer su vida haciendo de tapón viviente del lago.

En el segundo relato, un chico, al que luego se llamará Musgoso, encuentra una llave de oro en el arco iris pero no sabe a qué cerradura corresponde. Una niña, que luego recibirá el nombre de Maraña, se interna en el bosque y encuentra una mujer a la que llama Abuela. Luego, ambos salen en busca del país de donde proceden las sombras y van teniendo tratos con personajes misteriosos como el Viejo del Mar, el Viejo de la Tierra, el Viejo del Fuego…

Para involucrar a sus lectores en la historia, en La princesa ligera MacDonald usa un narrador flemático, que aclara hechos y hace precisiones: «era un rey muy bajito con un trono muy alto, como muchos reyes». Es también un narrador irónico, que juega con las expectativas del lector: cuando el príncipe pierde de vista a su séquito en un gran bosque, señala que «estos bosques son muy útiles para librar a los príncipes de sus acompañantes».

La llave de oro da más idea de la singularidad de agunas historias de MacDonald. Tal como indica Auden en el epílogo, este es un cuento de los que pide «una entrega total: mientras está en su mundo, el lector no puede estar en otro». Con esto se refiere, por ejemplo, a que personajes como la Abuela, el Viejo del Mar, o el pez aéreo, hacen observaciones y dan consejos que no siempre podemos interpretar nítidamente: no son alegorías simples. También dice Auden, y esta historia lo ejemplifica bien, que, para él, «el más extraordinario y precioso don de George MacDonald es su habilidad para crear, en todas sus historias, una atmósfera de bondad alrededor de la cual no hay nada falso o moralizador. Nada es más raro en literatura».

George MacDonald. La princesa ligera (The Light Princess, 1864). Madrid: Alfaguara, 1992, 2ª ed.; 85 pp.; col. Juvenil Alfaguara; ilust de Maurice SENDAK en 1969; trad. de Flora Casas; ISBN: 84-204-4702-1.
George MacDonald. La llave de oro (The Golden Key, 1876). Madrid: Alfaguara, 1987; 76 pp.; col. Juvenil Alfaguara; ilust de Maurice SENDAK en 1967; epílogo de W. H. Auden; trad. de Joaquín Fernández; ISBN: 84-204-4538-X.

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