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domingo, 26 de mayo de 2013

Retórica genuina


Hasta el momento he mencionado estos libros de John Lukacs: El futuro de la historia, Cinco días en Londres, mayo de 1940 y Junio de 1941. Hitler y Stalin. A ellos sumo ahora Sangre, sudor y lágrimas: Churchill y el discurso que ganó una guerra, un comentario a tres discursos famosos de Churchill del año 40, que fueron pronunciados en el Parlamento y que luego circularon por escrito entre la población.

El primero, el del día 13 de mayo, es el que terminó con la famosa frase «sangre, sudor y lágrimas»: un discurso sin promesas para el futuro y con solo amenazas, que fue sorprendente porque nadie había hablado antes así, nadie había pensado en esos términos sobre la guerra en Europa, y porque indicaba la confianza de Churchill en que la gente normal comprendería la gravedad de la situación y respondería a su petición de sacrificio. El segundo, del 4 de junio, tuvo lugar después de la retirada de Dunquerque y en él, aparte de reconocer que «las guerras no se ganan con evacuaciones», se contenía una declaración firme: «iremos hasta el final». Y en el tercero, el 18 de junio, aniversario de la batalla de Waterloo, anunció que la batalla de Francia había terminado, que preveía que la Batalla de Inglaterra estaba a punto de empezar, y dijo: «asumamos nuestro deber», de forma que si Inglaterra durase otros mil años todos pudieran siempre volver atrás la mirada para decir que «aquella fue su hora más gloriosa».

El autor hace una buena descripción de la forma en que Churchill preparaba sus discursos —los escribía personalmente a mano, los corregía mucho, ensayaba en alto los momentos clave…— y da una explicación convincente de por qué esos discursos han resistido el paso del tiempo: era su visión la que engendraba su retórica y no al contrario, pues ni su voz ni su dicción eran la de un gran orador; eran su magnanimidad y su coraje, reales y no fingidos, las que le ganaron la voluntad y el aprecio de la gente. De todo esto, además, no faltan las pruebas: aquella era una época en la que muchas personas llevaban diarios donde, sobre esa cuestión, se pueden leer testimonios llenos de autenticidad que Lukacs reproduce y apoya con una observación de valor también literario: «Escribir, a fin de cuentas, es el resultado de un impulso definido por expresarse a uno mismo: como dijo T. S. Eliot en cierta ocasión, es “el deseo de vencer una preocupación mental expresándola conscientemente y con claridad”».

John Lukacs. Sangre, sudor y lágrimas: Churchill y el discurso que ganó una guerra (Blood, Toil, Sweat and Tears. The Dire Warning, 2008). Madrid: Turner, 2008; 135 pp.; trad. de Ramón García; ISBN: 978-84-7506-861-9.

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