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miércoles, 10 de julio de 2013

El pintor que va por delante del poeta


Muchos buenos escritores tenían una gran inclinación, y con frecuencia un gran talento, para la pintura o el dibujo (Lewis Carroll, Ruyard Kipling, G.K. Chesterton…). Es como si sus creaciones literarias dependieran muchísimo de las imágenes que primero tuvieron en la mente y que incluso, en muchos casos, intentaron llevar antes al papel. Un buen ejemplo es Tolkien, como se puede ver en J.R.R. Tolkien: Artista e ilustrador, un libro dedicado al estudio de todas las imágenes que preparó él mismo para sus obras.

Los autores hablan de las influencias artísticas que Tolkien hizo suyas —pintores como Van Gogh o Munch, ilustradores como Arthur Rackham— y se indican otras de las que intentó distanciarse —como del ornamentalismo de Kay Nielsen—. Señalan cómo Tolkien se dio cuenta pronto de que la pintura no era su fuerte pero cómo su creatividad «a veces trabajaba por delante de su consciencia y en ocasiones el pintor se adelantaba al poeta». Muestran las obras y bocetos de Tolkien, desde sus primeros cuadros un tanto visionarios de su época de estudiante, hasta las ilustraciones más conseguidas para El hobbit y El Señor de los anillos. Apuntan cómo, en muchas, igual que en sus escritos, hay frecuentes símbolos de la libertad que sugieren movimiento y escapada: «un portal o una puerta, un sendero o una carretera que lleva a un lugar distante o a un portal o a una puerta, una vista lejana detrás del paisaje inmediato».

Es también interesante que Tolkien tenía claro cuál era el papel que las ilustraciones tenían que cumplir en sus libros: el de avivar la imaginación de los lectores y el de fijar su atención para comprender mejor las cosas. Esto se nota en que sus ilustraciones «priman el paisaje, punto fuerte del autor, sobre la figura o las figuras», algo que se debe a sus limitaciones pero también a que, al mostrar el lugar de los sucesos y no las cosas que ocurren, los lectores pueden ser dirigidos por el texto y no por imágenes muy específicas. Se nota también, por ejemplo, en las ilustraciones que puso a sus Cartas de Papá Noel, que contienen «muchos detalles para que los niños, sus hijos, los estudiaran a fondo y los compararan con los hechos expuestos por escrito».

Wayne G. Hammond y Christina Scull. J.R.R. Tolkien: Artista e ilustrador (J.R.R.Tolkien, Artist & Illustrator, 1995). Barcelona: Minotauro, 1995; 207 pp.; trad. de Ramón Ibero; ISBN: 84-450-7249-8.

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