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sábado, 27 de julio de 2013

Un test para un crítico


Con el comentario que sigue termino el plan de reseñar obras de Chesterton aunque lo continuaré con la noticia de varias obras sobre él.

Es sabido que había manifestado su intención de escribir un libro sobre Shakespeare y parece ser que se lo habían encargado poco antes de fallecer. Seguramente por eso, una de las selecciones de textos publicadas póstumamente por Dorothy Collins, el año 1972, fue Chesterton on Shakespeare. Los artículos de aquel libro, poco difundido y desde hace mucho imposible de conseguir en el mercado de segunda mano, están incluidos en una recopilación del año 2012 de Dale Ahlquist, que añade otros —como los citados en los comentarios a Lectura y locura o a The Spice of Life and Other Essays—, e incluye fragmentos de artículos y extractos de más obras de Chesterton, como Chaucer y Shaw, en los que hay referencias a Shakespeare.

Cada uno de los ocho capítulos está unificado por un tema pero no todos son igual de homogéneos. Los más claros son: el de los comentarios a las tragedias, sobre todo Macbeth, El Rey Lear, Hamlet, Otelo, Julio César; el que habla de las comedias, sobre todo El mercader de Venecia, Sueño de una noche de verano, Trabajos de amor perdidos; el que se pregunta si Shakespeare fue católico, algo de lo que Chesterton está convencido y, sin tantas pruebas históricas como han llegado a recogerse después, lo asegura deduciéndolo del contenido de sus obras; y el final, acerca de la polémica recurrente sobre si las obras de Shakespeare las escribió Bacon u otro, que tantas veces se formula con planteamientos que a Chesterton le provocan una hilaridad que transmite a sus lectores.

Son más cajón de sastre los demás capítulos: el primero es como un marco y explica rasgos de las obras de teatro isabelinas y de la «inglesidad» de Shakespeare; el cuarto se centra en el mundo del teatro y sus convenciones y señala con ejemplos la maestría verbal y constructiva de Shakespeare; el quinto contiene comentarios a sus obras históricas, señala cualidades como su enorme inventiva y defectos como su exuberancia un tanto descontrolada; el séptimo, breve, habla de la oposición de Shaw hacia Shakespeare, una especie de pose de la que, sin embargo, Chesterton saca petróleo. En cualquier lugar aparecen críticas a los críticos: Chesterton se distancia siempre de cualquier postura pedante y pone mucho empeño en dejar en su sitio las cosas: ni Hamlet puede ser interpretado psicoanalíticamente, ni Portia puede ser considerada una moderna y joven abogada, etc.

En uno de los artículos seleccionados se dice que el test del trabajo de un crítico al opinar sobre una obra maestra está en si nos la presenta como algo fresco o en si nos la presenta como algo rancio; en si nos empuja a leerla por primera vez o en si nos envía a ella como si fuera la centésima vez. Es decir, sigue Chesterton, «hay una clase de crítica que nos recuerda que hemos leído un libro y hay otra clase, mucho mejor, que nos convence de que nunca lo hemos leído». Esto es lo que consigue Chesterton: quien le lee tiene ganas de comprobar por qué no hay ningún drama teatral tan grande como Macbeth, ninguna obra de diseño tan perfecto como Sueño de una noche de verano, ningún personaje tan acabado como Bottom the Weaver (Lanzadera, el tejedor), ningún fanfarrón tan humilde como Falstaff.

G. K. Chesterton. The Soul of Wit. G.K. Chesterton on William Shakespeare (2012). Edited and with an Introduction by Dale Ahlquist. New York: Dover Publications, 2012; 320 pp.; ISBN: 978-0-486-48919-3.

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