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sábado, 24 de agosto de 2013

Bullicioso y colorista


Un libro que añade más datos a la vida de Chesterton es Los Chestertons, de Ada Jones (1888-1962), periodista, viuda de su hermano Cecil, con quien estuvo casada poco más de un año. En él cuenta la relación que tuvo con los Chestertons, padres e hijos, y habla del entorno de amigos comunes. La narración termina, después de la muerte de Chesterton, durante los bombardeos de Londres, al comienzo de la segunda Guerra Mundial. La autora también escribe sobre una experiencia singular que protagonizó, después de que su marido muriera en 1918, y que da idea de su empuje: desaparecer quince días para vivir como una mendiga, contarlo luego y, además, poner en marcha unos hogares para indigentes llamados «Cecil Houses».

En el haber del libro hay que poner, primero, que describe bien las semejanzas y las diferencias entre los dos hermanos, y que cuenta muchas anécdotas reveladoras de sus modos de ser y de sus particulares talentos dialécticos: el método de Cecil, «hablando en público, era la antítesis del de Gilbert, que empleaba la palabra como un pigmento y coloreaba sus frases como las mayúsculas polícromas de un misal. Cecil formaba frases con punta y filo como un estoque: cortaba y acometía firmemente, volviendo a su adversario hacia la cuestión discutida, con una decisión que parecía acentuada por su natural buena índole».

En segundo lugar, quedan bien retratados los padres, Edward y Maria Louise, «la más hospitalaria de las mujeres», una mujer «que había dado a sus hijos el cerebro y un inextinguible amor a la libertad». Es también magnífica la pintura del ambiente bullicioso de Fleet Street y, en general, de unos años que la escritora califica como una «edad de oro de las cervecerías y de los cafés, cuando la comunicación humana no se veía perturbada por un incesante sonido de la radio, y se podía escuchar a los amigos que hablaban». La narración contiene, además, buenos golpes de ironía, como cuando afirma que «siempre se debe tranquilizar a las visitas que acuden a un periódico, porque a lo mejor se hacen suscriptores por años».

En el debe, sin embargo, se ha de contabilizar una superficialidad o malignidad más que notable. Superficialidad, porque la autora parece no haber calado en el mundo interior de los principales personajes de su historia: la conversión al catolicismo de Cecil se presenta como un incidente aislado que, asombrosamente, sucede cuando está inmerso en un juicio en el que puede ser condenado; tampoco parece haber comprendido hasta qué punto las creencias católicas moldearon la vida de Chesterton, su matrimonio en particular. La malignidad, inconsciente o no, se nota en cómo arremete contra la esposa de Chesterton, Frances, a quien dibuja como una mujer estrecha porque apartó a su marido del mundo que le gustaba y porque dice que lo hizo infeliz en su vida matrimonial. Los biógrafos posteriores desmentirán su versión de algunos hechos hasta el punto de que se hace difícil pensar que sus comentarios fueran del todo inocentes.

Mrs Cecil Chesterton. Los Chestertons (The Chestertons, 1942). Sevilla: Renacimiento, 2010; 384 pp.; prólogo de José Julio Cabanillas; trad. de herederos de Miguel Rivera; ISBN: 84-8472-253-3.

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