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Nota: 'Una madre observadora' :: bienvenidosalafiesta ::    
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miércoles, 14 de agosto de 2013

Una madre observadora


A Life Drawing. Recollections of an Illustrator, de Shirley Hughes, es un relato autobiográfico de su vida y de su carrera. Da opiniones e ideas acerca de lo que valora en grandes ilustradores, dice cuál es el trabajo de un ilustrador de libros infantiles, habla del papel de la ilustración en los libros y del valor permanente de los grandes álbumes. Además, es un libro con muchas ilustraciones de todo tipo: de sus dibujos de siempre, de sus acuarelas cuando viaja, y de sus álbumes.

La autora habla de su infancia y del nacimiento de su vocación como dibujante; luego, de su formación en algunas escuelas de Arte —el valor que tuvo para ella estudiar historia del vestido, por ejemplo— y sus primeros trabajos en el mundo del teatro; después, de sus primeras ilustraciones y cubiertas para libros; y, por último, comenta sus álbumes. Al paso, dice bastantes cosas sobre los que fueron sus ilustradores de referencia —Nicholson, Shepard, Ardizzone— y sobre la historia particular de los álbumes en Gran Bretaña.

Indica que nunca habría podido soportar la soledad de un creador freelance sin su familia y la educación de sus cuatro hijos. Subraya la obviedad nada obvia de que su fortaleza como dibujante, la de saber dibujar niños en acción, tiene que ver con haber observado muchos niños, los suyos en primer lugar. También explica que la vida familiar no es en absoluto un dulce idilio sino una sucesión de pequeños dramas —algo particularmente cierto en la vida preescolar, cuando la casa es el único entorno para el niño—, y cómo hay momentos de memorable importancia en la vida de los niños —ponerse por sí solos las botas en el pie adecuado, ser capaces de dejar la “manta de seguridad” cuando uno va a una fiesta fuera de casa…—, y que de ahí surgen muchas de sus historias.

Son valiosas las explicaciones que da sobre el trabajo del ilustrador y la creación de álbumes, y sobre qué álbumes le convencen. Dice que las ilustraciones añaden una dimensión emocional a la historia y amplifican la respuesta imaginativa de un lector de forma que, si el libro le gusta, se sumerge una y otra vez en las imágenes; y que la ambición del ilustrador ha de ser la de darle al autor, al lector y al editor no lo que desean exactamente sino lo que nunca soñaron que podía tener el texto. Dice que uno de los grandes tests del profesionalismo de un ilustrador es recrear la vitalidad y la libertad de los dibujos iniciales pues, con frecuencia, los primeros esbozos tienen una inocencia encantadora que no es fácil reproducir.

Shirley Hughes. A Life Drawing. Recollections of an Illustrator (2002). London: Bodley Head, 2002; 210 pp.; ISBN: 978-0370-32605-4. [Vista del libro en amazon.es]

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