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viernes, 8 de noviembre de 2013

Figuras decisivas


Hace años leí Pedro el Grande, una biografía de Robert K. Massie que me pareció extraordinaria. Los recuerdos que me quedaron no eran tanto los de la vida del zar o los del panorama político y militar de la época, sino los de la presentación que Massie hacía de la vida en Rusia y de los modos de ser, pensar y actuar de la gente. Gracias a ese recuerdo decidí leer Catalina la Grande, otra larga biografía firmada por Massie, sobre la que fue mujer del nieto de Pedro el Grande y, después, emperatriz de Rusia durante 34 años, hasta 1796. La narración es excelente y, además de cumplir las expectativas del título —retratar a la mujer— también sumerge al lector en los acontecimientos y en los ambientes cortesanos de la época, pero tal vez no tanto (como a mí me gustaría) en los mundos de los muchos oprimidos y damnificados por los poderosos del momento. Entiendo que no es lógico acercarse a los comportamientos de entonces con criterios de hoy, cosa que no hace el autor, pero tal vez no está de más señalar que calificar algunas acciones o logros políticos de aquel momento de «éxitos» o «triunfos» deja un extraño sabor de boca: éxitos para quién, éxitos a costa de qué o de cuántas vidas humanas...

Al final de su libro, el autor hace un paralelismo entre las figuras y los logros de Pedro el Grande y de Catalina: esta «fue una figura majestuosa en la era de la monarquía. La única mujer que se igualó con ella en un trono europeo fue Isabel I de Inglaterra. En la historia de Rusia, ella y Pedro el Grande destacaron en capacidad y éxitos por encima de los otros catorce zares y emperatrices de los trescientos años de dinastía Romanov. Catalina recogió el legado de Pedro y lo engrandeció. Pedro le dio a Rusia una “ventana hacia Occidente” en la costa del Báltico, edificando allí una ciudad que convirtió en su capital. Catalina abrió otra ventana, esta vez en el mar Negro; Sebastopol y Odessa fueron sus joyas. Pedro importó tecnología e instituciones gubernamentales a Rusia; Catalina trajo de Europa la filosofía moral, política y jurídica, además de literatura, arte, arquitectura, escultura, medicina y educación. Pedro creó una flota naval rusa y organizó un ejército que derrotó a uno de los mejores soldados europeos; Catalina preparó la mayor galería de arte europeo en Europa, los mejores hospitales, colegios y orfanatos. Pedro afeitó las barbas y acortó las largas túnicas de sus principales nobles; Catalina los convenció para que se vacunasen contra la viruela. Pedro hizo de Rusia una gran potencia; Catalina magnificó su poder y llevó a su país a una situación cultural que, durante el siglo venidero, dio artistas de la talla de Derzhavin, Pushkin, Lermontov, Gógol, Dostoievski, Tolstoi, Turgéniev, Chéjov, Borodin, Rimski-Kórsakov, Mussorgsky, Glinka, Tchaikovski, Stravinski, Petipa y Diaghilev, entre otros. Estos artistas y su obra fueron parte del legado de Catalina a Rusia».

Robert K. Massie. Catalina la Grande. Retrato de una mujer (Catherine the Great: portrait of a woman, 2011). Barcelona: Crítica, 2012; 794 pp.; trad. de Cecilia Belza; ISBN: 978-84-9892-414-5.

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