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Nota: 'Una chica estresante' :: bienvenidosalafiesta ::    
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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Una chica estresante


He leído varios libros de la serie de Junie B. Jones, de la recientemente fallecida Barbara Park, un gran éxito entre las lectoras niñas de las bibliotecas públicas que frecuento. Un juicio general es que son relatos de travesuras divertidas (tal como las cuenta la heroína), se podría decir que de lo más clásicas, incluso en los dibujos realistas que los ilustran. La protagonista y narradora tiene 5 años. En el primer libro se cuenta la primera vez que va a la guardería, lo mal que lo pasa en el autobús y cómo se oculta en el colegio para no volver en el autobús de vuelta. En el último libro publicado hace poco, el 25 de la serie, se narra un viaje de vacaciones con sus padres a Hawai, y los líos que monta en el viaje y en su destino. En los libros restantes, todo tipo de aventuritas escolares, sociales y familiares.

El atractivo principal está en el personaje: Junie es muy habladora, manifiesta sus apetencias y sus rechazos de forma insistente y apremiante, remarca ya en el primer libro que «los libros son lo que más le gusta de todo-todísimo» (algo que le ganará lectores entre los padres). Aún así se confunde continuamente con las palabras por lo que, al final de cada libro, pone un vocabulario personal: «flustración: es cuando estás hasta las narices de algo, creo»; «espaldo: es donde pones la espalda cuando te sientas. Lógico, ¿no?»... La narración tiene también golpes descriptivos buenos —«las tiritas huelen igual de bien que un balón de playa nuevecito»—, explicaciones graciosas —«“Reflexionar” es lo que hace el abuelo después de comer. Se tumba delante de la tele y reflexiona»—, frases de niña resabiada —«Perdona, mamá. Es que me está entrando estrés porque necesito una foto guay para mi reportaje»—… Luego, el tipo de humor, cuando hace una barrabasada y el adulto se altera, es siempre parecido:
«Mamá miró al techo.
Yo también.
Pero no vi nada allí».

Una cosa que me gusta de los libros que he leído es que no disimulan ciertos aspectos del comportamiento de Junie y sus compañeros (aunque sí oculten otros, claro está). Se aprecia en esta escena, después de una discusión con un chico en el colegio en la que Junie se irrita:
«Yo le enseñé el puño cerrado.
—¡TE ESTÁS GANANDO UN PUÑETAZO EN TODA LA NARIZ, CARAPALO! —le grité.
Entonces el Director me miró con cara rara. Y yo le sonreí.
—Es que odio a ese niño —le expliqué muy amable».
Por suerte, los adultos que tratan a Junie no pierden del todo los nervios (en los seis libros que conozco). Pero, según he leído, algunas instituciones educativas en Estados Unidos sí.

He citado textos de cuatro libros: Junie B. Jones y el autobús apestoso (Junie B. Jones and the Stupid Smelly Bus, 1992), Junie B. Jones tiene un hermano monísimo (Junie B. Jones and a Little Monkey Business, 1993), Junie B. Jones y el monstruo debajo de la cama (Junie B. Jones has a Monster Under Her Bed, 1997) y Junie B. Jones de vacaciones (Junie B., First Grader Aloha-ha-ha, 2006). Madrid: Bruño, 2003, 2003, 2004 3ª ed., 2013; 89 pp.; ilust. de Denise Brunkus; trad. de Begoña Oro; ISBN: 84-216-9240-2, 84-216-9241-0, 84-216-9243-7, 84-216-9412-X.

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