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viernes, 6 de diciembre de 2013

Los oídos pequeños oyen

 
El frágil vuelo de los pájaros es la primera novela de Christie Watson, una enfermera inglesa casada con un nigeriano. Es una buena historia que pretende descubrir un mundo desconocido para muchos lectores occidentales y concienciarles sobre algunos problemas sociales. De hecho, en el posfacio se dan algunas referencias bibliográficas para obtener más información sobre la situación política que se describe y sobre la práctica de la mutilación genital femenina.

La narradora es Blessing, una mujer que, cuando comienza su relato, tiene doce años, y vive en Lagos con sus padres y su hermano mayor, Ezikiel, de catorce. Todos los privilegios asociados con pertenecer a la clase alta se vienen abajo cuando sus padres se separan y su madre vuelve al pueblo de sus padres, Warri, en el Delta del Niger. Sus vidas cambian de modo drástico pues han de acostumbrarse a vivir sin agua corriente, con frecuencia sin electricidad, y en un entorno a veces muy violento debido, entre otras cosas, a las protestas contra la compañía petrolera cercana. Ezikiel tiene más problemas con su asma y con sus estudios, y acaba siendo tentado por los grupos armados jóvenes que hay en la región; la madre de Blessing encuentra trabajo pero a duras penas consigue dinero para mantenerlos; y Blessing deja de ir al colegio para ser ayudante de Abuela, la partera de la comarca y la gran protagonista de la novela.

Los personajes-mujeres tienen hondura pero no así los hombres nigerianos que son relevantes en la historia. La trama interesa, tanto los aspectos de tipo humano como los más informativos sobre las situaciones que se describen. Entre ellas destacan las que tienen que ver con el aprendizaje de Blessing: la novela contiene un catálogo de toda clase de partos, descritos con detalle y dramatismo. Sobre algunas cuestiones deberían opinar los lectores del lugar: da la impresión de que la autora se ha documentado mucho y bien, pero también parece que algunos enfoques y episodios están pensados y narrados para consumo de occidentales.

En cualquier caso, es un acierto el punto de vista: los lectores acompañan a Blessing en todos sus descubrimientos, en el malestar que siente ante las incomodidades que son nuevas para ella, en las sorpresas que se va llevando, en las numerosas preguntas que se hace a sí misma y para las que, al menos inicialmente, no encuentra respuestas. En este sentido la novela sirve para ensanchar la mente de los lectores y hacerles pensar en qué piensan los personajes y por qué motivos razonan o reaccionan como lo hacen.

Un ejemplo, especialmente bueno, se da cuando la segunda y alocada mujer del no menos alocado abuelo de Blessing tiene gemelos y, después del parto, dice:
«—No mereció la pena —repitió.
Imaginé a mamá mirándome después de nacer, qué habría dicho.
—No hables así —dijo Abuela—. Incluso los oídos pequeños pueden oírte. Estos hijos son pedazos de tu propia alma que se han desprendido. Ahora estás dividida en tres, Celestine. Si les haces daño, te harás daño a ti misma —Abuela dijo las palabras con mucha rapidez, no estaba segura de haberlas oído bien—. Tu alma está dividida —continuó—. Por eso dar a luz duele tanto.
A veces me preguntaba si Abuela lo sabía todo».

Christie Watson. El frágil vuelo de los pájaros (Tiny sunbirds, far away, 2011). Madrid: Alevosía, 2013; 363 pp.; trad. de Dora Sales; ISBN: 978-84-15608-51-6.

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