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domingo, 9 de febrero de 2014

Un ejemplo de cómo actúa el Destino


En su biografía se cuenta que Virgilio pidió que, si no volvía de Grecia, se quemara su Eneida, inconclusa y, en su opinión, demasiado imperfecta. Augusto se negó porque esperaba mucho de esa obra y porque sentía que era necesaria para el Imperio. Confió su edición a los amigos del poeta con la indicación de que no le hicieran más que los retoques indispensables y, sobre todo, que no le agregaran nada. Y continúa Pierre Grimal:

«Uno comprende las razones que impulsaron a Augusto a salvar la Eneida: después del triple triunfo del año 29 a.C., exaltado por Virgilio, se habían acumulado las dificultades para el príncipe. Muchas tentativas para perpetuar el milagro y asegurar la concordia se habían revelado infructuosas; duelos, traiciones, intrigas, enfermedades, habían demorado la celebración de los juegos seculares. En el año 19 a. C., cuando murió Virgilio, el cielo parecía más sereno. ¿La predicción de la Égloga cuarta estaba por realizarse? El pequeño Cayo, hijo de Julia y Agripa, ¿sería testigo de la “nueva edad de oro”? Era importante para eso que la Eneida sobreviviera, inclusive inconclusa. Ella sola podía, después de las Bucólicas y las Geórgicas, dar su plena significación, su dimensión secular, a los ritos de la Roma que comenzaba a aparecer. Arribo de los troyanos a Italia, de los descendientes de Eneas a Roma, luchas alrededor de Lavinio de Ostia, predestinación de los Julios, victoria sobre Cartago, de la razón de Estado sobre la pasión, y esta continuidad que, desde los tiempos legendarios, converge a eso que cada uno veía: la larga línea de triunfadores sobre el foro de Augusto en torno a Marte Vengador. Todo eso sería más evidente, más fácil, si uno descubría, gracias a Virgilio, que el Destino había preparado, desde hacía tiempo, la Roma de Augusto. La Eneida fue salvada no solo porque era bella, sino por lo que importaba para la salvación del mundo».

Pierre Grimal. Virgilio o el segundo nacimiento de Roma (Virgile ou La seconde naissance de Rome, 1985). Madrid: Gredos, 2011; 227 pp.; col. Biblioteca de estudios clásicos; trad., prólogo y notas de Hugo Francisco Bauzá; ISBN: 978-84-249-2150-7.

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