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viernes, 31 de enero de 2014

Progreso intelectual y progreso moral

 
Los herederos fue la segunda novela de William Golding, que la tenía como su favorita. Se puede considerar de ciencia-ficción, pues sus protagonistas son hombres de Neardental, pero Golding no tenía interés en darle tono científico-histórico a su relato: no pretendió documentarse mucho para él, y sus invenciones acerca de los modos de ser y de comportarse de los hombres del pasado, igual que sus conocimientos de distintos asuntos o sus dotes más o menos telepáticas, están al servicio de sus objetivos narrativos.

El narrador presenta un grupo de ocho hombres, mujeres y niños de Neardental, cuyo pensamiento es lento y se articula recordando imágenes de algo visto antes. Son personas de inteligencia limitada pero cordiales y solidarios entre sí. El conflicto estalla cuando tropiezan con un grupo de hombres a los que no conocían, distintos y más avanzados en muchos aspectos, pero que reaccionan con un gran temor hacia ellos y esto les termina llevando a comportarse con una gran crueldad. El argumento se apoya, para contradecirla, en una cita inicial de H. G. Wells en la que habla de la fealdad, y por tanto del atraso según la teoría de la evolución, de los hombres de Neardental. Es una novela lenta, que puede resultar algo deprimente, por más que las descripciones sensoriales sean excelentes y por más que el narrador, hábilmente, juega con que los lectores van a deducir que los nuevos seres a los que los neardentales ven son homo sapiens.

En común con El señor de las moscas tiene algunas cosas relativas a la construcción de la trama pero las semejanzas importantes son las que tienen que ver con los contenidos y con que, igual que allí, el relato acaba siendo eficaz porque la misma trama contiene lo que desea transmitir el autor. De modo natural queda claro que progreso intelectual no equivale a progreso moral, o que no son los más inteligentes los que tienen un comportamiento más humano. Queda claro también que los acontecimientos se desarrollan faltamente a consecuencia de un miedo a lo desconocido que, vivido en grupo por los sapiens, dispara los mecanismos de una violencia que termina con vidas inocentes: no es exactamente maldad, viene a decir la historia, tal vez sea una especie de fuerza irresistible (que bien podríamos llamar selección natural o progreso…).

Además, al igual que en El señor de las moscas, Golding usa el recurso de cambiar de foco en el último capítulo: en él vemos las cosas no desde la perspectiva de los neardental, como había ocurrido durante toda la narración, sino desde la de los sapiens. Esto altera las impresiones e incluso los juicios finales del lector, por un lado, y narrativamente sirve para dejar un pequeño resquicio para la esperanza, por otro.

William Golding. Los herederos (The Inheritors, 1955), en Novelas (contiene El señor de las moscas, Los herederos, Martín el atormentado, Caída libre). Madrid: Aguilar, 1986, 2ª ed.; 1002 pp.; col. Biblioteca Premios Nobel; trad. de María Luisa Giner de los Ríos, Enrique López Martín, Juan Martín Ruiz-Werner; prólogo de Juan Martín Ruiz-Werner; ISBN: 84-03-56114-8 y 84-03-56113-X. Edición reciente en Barcelona: Minotauro, 2003; 240 pp.; col. Minotauro Bolsillo Ciencia Ficción; trad. de Luis Echávarri; ISBN: 978-8445074411.

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