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Nota: 'La relación del hombre con la tierra' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 6 de febrero de 2014

La relación del hombre con la tierra


Ya que hablé, hace días, de Peñagrande, pongo ahora El oso, un conocido relato de William Faulkner. Es uno de los siete que, originalmente, componían ¡Desciende Moisés! (Go Down, Moses, 1942), todos los cuales se sitúan en el condado de Yoknapatawpha y comparten personajes, igual que otras novelas del autor. Como no es muy largo, para ciertos lectores dispuestos a ser pacientes puede ser un primer acercamiento al autor y a su forma de armar las historias.

Es una historia de crecimiento de un chico llamado Isaac, o Ike, McCaslin, cuyo gran deseo es salir en una expedición anual de caza que busca, sobre todo, abatir a un oso legendario: Old Ben. Aunque no sea exactamente así, pues los hechos y las reflexiones, de Ike y otros, van y vienen en el tiempo, cada uno de los cinco capítulos se centra en el momento en el que Ike tiene 10, 13, 16, y 21 años los dos últimos. Las tres primeras veces le vemos de caza: la primera vez que le permiten salir, la que ve frente a frente al oso, y la que logran abatirle. Después, la narración va desgranando recuerdos de su familia y las discusiones que tiene a raíz de que renuncia a heredar la tierra que le corresponde pues piensa que la tierra no es de nadie: ni de los indios, ni de los blancos, ni de los negros, ni de los cazadores…

El relato tiene intensidad emocional para quien logra entrar en el mundo propio de Faulkner, tanto en los arabescos de su estilo como en el entretejido de las vidas de sus personajes. Está centrado en la maduración del héroe, que adquiere un respeto enorme al animal que busca y a la naturaleza en general, y que acaba con la convicción de que la relación de los hombres con la tierra no ha de ser la que todos a su alrededor dan por sentada. De más está decir que la historia es como una pieza que ocupa su sitio dentro del diseño de conjunto de un gran rompecabezas (por lo que a uno le tiene que gustar el rompecabezas lo suficiente como para dedicarle tanto tiempo como pida).

La comparación que hice al principio con Peñagrande, que hará fruncir el ceño a quienes mitifican a los grandes autores y minusvaloran a quienes escriben LIJ o libros populares, tiene también este sentido: el oso de aquella novela es un oso que no se olvida, como titulé la nota con la que lo presentaba, mientras que de El oso de Faulkner normalmente a quien recordamos es a... Faulkner.

William Faulkner. El oso (The Bear, 1940). Barcelona: Anagrama, 1990; 151 pp.; col. Compactos Anagrama; trad. de Ana Mª Foronda; ISBN: 84-339-2024-3.

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