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viernes, 31 de octubre de 2014

Quien bien te quiere...


Los hijos es un libro de memorias familiares de Gay Talese. Es una gran narración en la que Talese habla, sobre todo, de sus abuelos y sus padres, pero también de algunos hermanos y primos más cercanos a sus padres. Se compone así un buen panorama de la vida que llevaron, tanto en su tierra de origen, Maida, Calabria, como en los países a los que fueron emigrando, Estados Unidos y Francia. La historia termina durante la segunda Guerra Mundial, con una escena de gran intensidad, cuando el narrador tiene unos doce años de edad y es un entusiasta enorme de las maquetas de aviones, y su padre, un sastre conocido en su ciudad de Ocean City, Nueva Jersey, recibe la noticia del trágico bombardeo aliado de Montecassino.

El autor desciende a muchos detalles en algunos casos —se ve que cuenta con material de primera mano, tanto recuerdos orales de sus familiares como documentos y diarios— y, según la situación lo requiere, también se detiene a explicar el contexto histórico del momento. Por supuesto, se centra más en las vidas de su padre y de su madre, aunque tiene mucha relevancia un primo de su padre, Antonio, que fue un sastre afamado en París. En una nota final Talese indica que tardó diez años en terminar su libro y que dedicó mucho tiempo «a entrevistas a gente en Europa y los Estados Unidos; a leer sobre la emigración italiana y sobre los gobiernos de los que huían los emigrantes». El resultado final es un fresco histórico muy ameno en el que, aparte de una gran abundancia de detalles de todo tipo, se trata bien el dolor profundo de la emigración, tanto entre quienes permanecen como entre quienes se van.

Además, las relaciones entre padres e hijos que son el tejido de la historia contienen muchos momentos inolvidables que a veces hacen eco unos en otros de generación en generación. Así, cuando el padre del autor, Joseph, que era un niño aún pero ya trabajaba en el taller de sastre de su abuelo, Domenico, este le riñó fuertemente:

«Joseph levantó la mirada y le interrumpió.
—Abuelo —suplicó—, ¡ha sido un error! ¡Ha sido el primer error grave que cometo! No he sido insubordinado. Simplemente no me he dado cuenta de que los pantalones estaban escondidos debajo de la tela que estaba cortando. Ha sido mi primer error después de muchas cosas buenas que he hecho y que nunca me has reconocido —ahora hablaba más fuerte, y aunque era consciente de que nunca se había mostrado tan directo con su abuelo, siguió con desesperación—: ¡Nunca estás contento! Nada de lo que hago es bastante bueno para ti. Siempre eres estricto y severo conmigo —ya sollozando, Joseph añadió—: Lo que pasa es que no me quieres...
Su abuelo permaneció en silencio. Esperó varios minutos a que Joseph dejara de llorar. Cuando habló, lo hizo con una voz totalmente desconocida.
—Te quiero —dijo con un tono más comprensivo de lo que Joseph había oído nunca—. Pero todavía no eres lo bastante mayor para comprender este amor. Confundes la crítica con la falta de amor. Pero es todo lo contrario. La gente que critica se preocupa por ti. Quieren que mejores. La gente a la que no le importas no tiene puestas grandes esperanzas en ti. Te aceptan como eres. Dejan que te relajes. Quieren que te conformes. Quien no te quiere —concluyó— te hará reír. Quien bien te quiere te hará llorar».

Gay Talese. Los hijos (Unto the sons, 1992). Madrid: Alfaguara, 2014; 752 pp.; trad. de Damià Alou; ISBN: 978-84-204-1654-0. [Vista del libro en amazon.es]

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