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sábado, 17 de enero de 2015

Poemas chestertonianos


Cuando preparé Gramática de la gratitud me habría gustado tener a mi disposición El gran mínimo, una edición bilingüe de una antología con cincuenta y tres poemas de Chesterton magníficamente traducidos. Es de agradecer pues, junto con Lepanto y otros poemas, que contenía 27 poemas y fue publicada el año 2003, son las dos únicas ediciones de poemas chestertonianos en castellano.

El antólogo y traductor habla en el prólogo de la figura de Chesterton: la presenta bien por más que afirmar que ser un autor de tesis limita su vuelo sea discutible, ya que si hay calidad y las tesis son verdaderas…, entonces el vuelo es mayor. Luego da el motivo de haber elegido como título global el del poema El gran mínimo: porque su idea nuclear del agradecimiento está en el fondo de la filosofía vital de Chesterton. ESto también se puede ver bien en otro poema como By the Baby Unborn (Un niño neonato), el canto de un niño asombrado con la vida que tendría si naciera. Y también explica las limitaciones y dificultades de su trabajo: le faltan, por ejemplo, los poemas más humorísticos (aunque W. H. Auden consideraba que el don natural de Chesterton era ser un poeta cómico).

Naturalmente figura Lepanto, una de las grandes baladas chestertonianas, pero no La Balada del Caballo Blanco (más larga y que merecería otro libro…): se puede recordar aquí que T. S. Eliot, en el obituario que dedicó a Chesterton decía que se habían exagerado sus méritos en algunos aspectos y sin embargo se ignoraban estos poemas, que eran sus mayores logros; también Borges los consideraba poesía de primerísima fila y decía que Lepanto era un ejercicio de honradez pocas veces visto pues es «una celebración inglesa de una victoria de los tercios de España y de la artillería de Italia».

Entre los poemas cortos son muchos los destacables. Entre otros, The Donkey (El burro), acerca del burro que llevó a Jesucristo a Jerusalén, un poema elogiado por Kipling; The Sword of Surprise (La espada de la sorpresa), una creación de la que, según Auden, cualquier poeta se sentiría orgulloso; The Convert (El converso), publicado justo el mismo año de su entrada en la Iglesia Católica; Joseph (José), acerca del conflicto interior de san José, aplaudido por muchos debido a su perfecta estructura y ritmo; el breve y esperanzador The Skeleton (El Esqueleto)…

Vale la pena recordar lo que uno de los colaboradores y amigos de Chesterton, W. R. Titterton, decía de su poesía: que «nacía de la necesidad del instante» y que tal vez hubiera sido más acabada «de haber sido un artista en su estudio, a solas, buscando la línea perfecta». Pero por eso mismo los defectos como poeta de Chesterton pueden ser vistos como facetas de su calidad: era ante todo un gran conversador y un trovador que «no perdía el tiempo con limpiametales y gamuza» y que, además, «no se consideraba un gran escritor. Tenía verdades que contar que eran de vital importancia, pero él no las había inventado. Lo importante era conseguir que llegasen al público».

G. K. Chesterton. El gran mínimo. Antología poética. Madrid: Salto de página, 2014; 220 pp.; selección, traducción y prólogo de Miguel Salas Díaz; ISBN: 978-84-16148-12-7. [Vista del libro en amazon.es]


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